Antonio Casado.- Nacionalismo en horas bajas

Actualizado 26/04/2008 2:00:18 CET

MADRID, 26 Abr. (OTR/PRESS) -

El jueves pasado, en los desayunos de Europa Press, el presidente del PNV, Iñigo Urkullu, estuvo aporreando las puertas de la Moncloa bajo amenaza de choque de trenes -esta vez solo habló de "locomotoras"-, si Zapatero no se las abre pronto al lehendakari. ¿Para hablar de qué? Para superar el "bloqueo" por el histórico "conflicto político" que sufre una Euskadi a la búsqueda de su propia identidad, tal y como se plantea en el plan Ibarretxe bis, cuyo primer paso sería la conformidad de Moncloa para cambiar el actual marco jurídico-político del País Vasco. Repito: Ibarretxe, y Urkullu por defecto, esperan el aval del presidente del Gobierno de la Nación para desbordar el marco constitucional en el diseño de un nuevo marco.

Como puede verse, seguimos en las mismas, Nada nuevo bajo el sol en el discurso nacionalista. Sólo en apariencia. El verbo ("conflicto político", "derecho a decidir", "nación vasca".) sigue siendo fundamentalmente el mismo. Pero los retoques en el discurso y, sobre todo, los hechos, empiezan a ser muy elocuentes respecto a una crisis de adaptación a la realidad.

Es evidente que el PNV está iniciando la transición desde el frentismo a la transversalidad. El frentismo, cuyo exponente máximo en el tiempo fue el llamado Pacto de Lizarra, supone colocar a un lado a los nacionalistas y al otro los no nacionalistas. Mientras que la transversalidad es el intento de tender puentes entre las dos orillas. Es lo que estaba haciendo Josu Jon Imaz hasta el momento de la espantada. Y en eso empieza a estar su sucesor, Iñigo Urkullu, sobre todo después del revolcón del partido ante el empuje de los socialistas vascos en las elecciones generales del pasado 9 de marzo. Ahí le han dado.

Pero en el desayuno del jueves Urkullu no reconoció este elemento del análisis como presagio de un tiempo nuevo en el País Vasco, caracterizado por un retroceso del nacionalismo: "Se equivocan los socialistas si extrapolan los resultados de las pasadas elecciones generales a las próximas elecciones vascas", dijo, porque, según él, el 9 de marzo no se ventilaba una pugna entre Ibarretxe y Patxi López, sino entre Zapatero y Rajoy, en la que los vascos habrían votado por miedo a Rajoy, María San Gil y Mayor Oreja.

Ya, pero en el desayuno no dejó de hablar de "mano tendida" a los socialistas, de marcar distancias con ETA ("No coincidimos en los medios, pero tampoco en los fines") y de atender un montón de preguntas sobre la quiebra del "tripartito" de Vitoria, otro signo más de que en las filas del nacionalismo gobernante hay una creciente sensación de crisis interna.

Antonio Casado.