Publicado 26/01/2021 08:01CET

Antonio Casado.- Vacunaciones indebidas

MADRID, 26 Ene. (EUROPA PRESS) -

Se desinfla la euforia sobre las vacunas que nos rescatarían del virus. Demasiados problemas de suministro y de planificación. El proceso es más complicado de lo previsto. Y, desde luego, más de lo que dijo el Gobierno cuando anunció que con la llegada de las vacunas ya se veía la salida del túnel.

Desde que la operación se puso oficialmente en marcha el 27 de diciembre se han vacunado en España algo más de un millón de personas, lejos de lo calculado inicialmente en los planes regidos por la llamada co-gobernanza con las Comunidades Autónomas, lo cual pinta un cuadro desigual en ritmos y eficacia.

Una de las disfunciones vino por cuenta del orden de preferencias en el acceso a la vacuna, con escándalos tan sonados como el del consejero de Salud de Murcia, Villegas, o el del jefe del EM de la Defensa, general Villarroya. Ambos tuvieron que dimitir a raíz del escándalo por vacunación indebida.

No les tocaba. Se saltaron la cola. Y eso escandalizó a la opinión publica. No me parece mal esa ola de malestar. No solo social, a nivel de ciudadanos de base. Incluso en la esfera pública, entre las personas obligadas a trabajar cara al público. Incluidos quienes nos gobiernan que, por lo general, asumen que no deben saltarse el orden de preferencia. Ese orden lo encabezan los sanitarios y, en segundo lugar, las personas de la tercera edad.

A partir de ahí, a falta de protocolos claros, ha reinado la confusión. Pero, al menos, queda una moraleja en positivo. El propio estamento dirigente se ha alzado contra las personas del propio gremio que se han saltado la cola. Le mueve la adhesión al principio de ejemplaridad, que tanto echamos de menos, de la que tanto hablamos y tanto reclamamos.

Al menos por una vez también han funcionado las apelaciones a la ejemplaridad lanzadas desde los medios de comunicación, si bien en algunos casos incluso se haya aprovechado la coyuntura como operación de imagen: el pecador se ofrece para salvar el buen nombre de la institución, ya sea el Ejército, la Guardia Civil o un gobierno autonómico o municipal.

El caso del JEMAD, general Villaroya, por ejemplo, ha reforzado la imagen de las Fuerzas Armadas. También la de la ministra, Margarita Robles, que se remite al pensamiento de Jean Monnet, uno de los cofundadores de la Europa Unida. A saber: "Nada es posible sin las personas y nada subsiste sin las instituciones". Así que lo tuvo claro: "Era de sentido común. No se puede tener privilegios sin salir del despacho mientras otros están a pico y pala retirando la nieve de la calle".

Y eso es precisamente lo que explica, entre otras cosas, que la ministra de Defensa sale en todas las encuestas como la figura política más valorada del Gobierno. Y explica también por qué se la ve en el extremo opuesto al grupo tutelado por el vicepresidente Iglesias.

OTR Press

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