Actualizado 16/06/2007 02:00 CET

Antonio Jiménez.- El precio del poder

MADRID, 16 Jun. (OTR/PRESS) -

Cuando este sábado se constituyan los nuevos ayuntamientos como consecuencia de las elecciones del pasado 27-M, es probable que algunos ciudadanos experimenten en su estado de ánimo esa sensación rayana en la melancolía que suelen sentir las personas después de un esfuerzo que resulta inútil. ¿Y para qué narices voté yo al partido más respaldado en mi ciudad o en mi comunidad -podrán preguntarse atinadamente- si al final, mi sufragio y el del resto de millones de votantes que respaldaron la misma opción política, se lo han pasado las minorías, con el beneplácito del PSOE, por la entrepierna de sus caprichos e intereses partidistas? En Canarias, sin embargo, es el ex ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, el que está a punto de que le receten la amarga medicina que suele prescribirle su partido a los populares en todo el territorio nacional, sin importarle que estos concluyeran el escrutinio en el filo de la mayoría absoluta.

Frustrado e irritado anda López Aguilar, y con razón, ante el panorama de legislatura que se le presenta en la oposición después de que Coalición Canaria haya decidido darse el pico con el PP que no cuestiona la candidatura de Paulino Rivero como presidente del ejecutivo isleño. Los motivos que los votantes socialistas canarios pueden esgrimir contra un acuerdo de gobierno CC-PP son los mismos que podrían argumentar por sentirse políticamente estafados los electores populares en Baleares y Navarra si Matas y Sanz se quedan en la calle. En ambas comunidades los populares encabezaron con notable diferencia de votos el escalafón electoral del 27-M , pero eso no les garantiza, como a López Aguilar en Canarias, que vayan a gobernar. Así ocurrió también en Galicia donde socialistas y nacionalistas le birlaron la cartera de la gobernación a Alberto Núñez Feijoo por un puñado de votos. La ley que posibilita los pactos, no pone, sin embargo, límite alguno al precio, a veces desmedido e inmoral, que los partidos mayoritarios, y especialmente los socialistas, pagan por la consecución del poder sin importarle la imagen negativa que para la credibilidad del sistema de representación proyectan entre los electores.

No es lo mismo que el PSOE llegue a acuerdos de gobierno con su aliado natural, IU, que con formaciones que reniegan de la Carta Magna, abogan por la independencia del terruño donde están implantados y les importa un bledo el futuro de España como nación. La legitimidad democrática y legal de estos acuerdos no debe ocultar la incoherencia y falta de principios del partido de ámbito nacional que los suscribe. La consecución de la alcaldía de León puede ser digna de una gran causa, pero no a costa de fomentar la división y el enfrentamiento; y Zapatero ha apostado por llevar el enconamiento y la tensión a su tierra al promover, a cambio del apoyo del localista Unión del Pueblo Leonés para que el PSOE gobierne la capital leonesa, la segregación de la provincia del resto de Castilla. Un ejemplo del precio que el PSOE está dispuesto a pagar por conseguir el poder a toda costa.

Antonio Jiménez

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OTR Press

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