Carlos Carnicero.- Explota la burbuja de Pablo Iglesias.

Publicado 12/10/2015 12:00:05CET

MADRID, 12 Oct. (OTR/PRESS) -

El fenómeno podemos tuvo una efervescencia trepidante. Le ha ocurrido lo que a la marca de detergentes, de lavadora o para limpiar la vajilla. Necesitan sobredosis de publicidad para vender. Si no se hace campaña desaparecen del imaginario del consumidor.

Después de lograr la hazaña de obtener cinco escaños en el parlamento europeo, las apariciones de Pablo Iglesias y de otros líderes de la emergente formación en las tertulias de televisión constituyeron una especie de Sálvame de Luxe de la política. Los discursos fueron incendiarios y el postureo fue dejando en evidencia que el programa de Podemos era lo más parecido al contrato de Groucho Marx. Siempre estaba dispuesto a sacar otro. De pedir la nacionalización de la prensa para que fuera independiente han pasado a hacer silencio sobre la forma de Estado y a competir con aseveraciones moderadas con el espacio de centro. Le ha ocurrido como a los detergentes: en la media de que ya no causan sensación sus hipérboles y que las elecciones catalanas han desinflado el suflé del hit parade de las encuestas, han desaparecido de las tertulias. La frescura, el descaro y la prepotencia de Pablo Iglesias ha saturado las pantallas de televisión. Sus hombros caídos y sus camisas de cuadros ya producen un cansancio. Los reyes del Rock evolucionan su look y con las novedades permanecen en el escenario.

Si las encuestas fueron tozudas en el ascenso de la valoración de Podemos, ahora también en su rápido declive. Ya no ocupan el número uno ni el dos ni el tres. Ciudadanos les ha dado el sorpasso y las más optimistas les sitúan en el catorce por ciento. No está mal, pero ya no es la eclosión de quienes parecía que se iban a comer el Congreso.

La cacareada unidad de la izquierda no funcionó en Cataluña y sí en donde Podemos estaba del todo escondido. Manuela Carmena y Ada Colau tienen perfil propio, y cuando comparecían con Iglesias, este solo era telonero.

La insolencia es un arma de doble filo. Si los espectadores perciben que en realidad es prepotencia, cambian de canal. En todo el proceso de negociación con Izquierda Unida, a Pablo Iglesias se le ha ido la mano. Ahora Alberto Garzón produce menos rechazo y más adhesión personal que el líder de Podemos.

Fata poco más de dos meses para las generales. Y sin campaña de publicidad en las tertulias, con el desgaste de Pablo Iglesias como novedad, al líder de Podemos le puede pasar como a Chiquito de la Calzada o al Padre Apeles. Los espectadores casi no se acuerdan de ellos por sobredosis.

OTR Press

Francisco Muro de Iscar

¿Hay lugar para la moderación?

por Francisco Muro de Iscar

Victoria Lafora

Errejón y los amigos

por Victoria Lafora