Carlos Carnicero.- Unas navidades interminables.

Publicado 05/01/2014 12:00:12CET

MADRID, 5 Ene. (OTR/PRESS) -

El viento tumba los árboles de Navidad en las plazas de Madrid. Una metáfora de lo que nos ocurre en España. Nos empeñamos en paréntesis escudados en el calendario para huir de la realidad. Pasa en ferragosto, ocurre en Navidades y cuando alargamos puentes de fiestas católicas en un universo que no termina de ser laico ni siquiera en las costumbres morales personales. Ahora que el PP se conmueve internamente con la nueva ley de interrupción del embarazo -la más progresista, dice el ministro de Justicia- todo parece estancando en el periodo que abarca desde el sorteo de la lotería de Navidad hasta la madrugada de Reyes.

Solo ETA nos proporciona alguna noticia. Insisten y se manifiestan una y otra vez con una de cal y una de arena. Dicen estar conmocionados por el daño causado y al día siguiente reclaman amnistía y derecho a decidir. No terminar de declarar lo único que puede ser relevante: su disolución.

He visitado varias prisiones a lo largo de mi vida. Y tengo interiorizado el olor de las cárceles. Es tan peculiar como el de los hospitales o los mataderos. Huele a frustración, a ausencia de libertad y a hastío. Hay muchos presos de ETA que llevan más de veinte años en el talego. No saben casi nada del mundo exterior, porque ni la televisión ni la prensa puede sustituir el aire que proporciona la libertad. Vidas trucadas por otras vidas trucadas con sus asesinatos. Y no han servido para nada. ETA, políticamente, no ha conseguido nada. Y se agarran a la ensoñación de que pueden influir en la vida pública sin el uso de sus armas. Están muertos en vida. Y se reúnen y hacen manifiestos porque no se resignas a no ser nada, que es lo que son. El jefe de la Casa del Rey pide acabar con el martirio del sumario de Iñaki Urdangarin. Tiene razón; es un martirio para todos. Supongo que para el príncipe Felipe y para el Rey. Pero también para los ciudadanos que observan que se caen los árboles de Navidad en Madrid pero que los sumarios se eternizan. Los corruptos piden indultos porque no soportarían la cárcel. La prisión es dura para todos. Pero los que han saqueado las arcas públicas y encima no han devuelto el dinero, debieran ser más pacientes en su celda. Ellos eligieron; ahora les toca pagar. Pero les llegará el indulto mucho antes que a los presos de ETA.

Estas Navidades tan españolas, que son las que más duran del mundo, están a punto de terminar. Y la vida volverá al punto en donde se detuvo. Mariano Rajoy sacará pecho con la economía, rezará por los tiempos de la vista oral del juicio de Bárcenas y mirará a las elecciones europeas como barómetro real de esta España en crisis. Los bomberos retiran los árboles de Navidad. Las rebajas internaran paliar el déficit de ventas y la Casa Real mantendrá la respiración suspendida ante la posible imputación de la infanta Cristina. Nada que no haya ocurrido antes. Sencillamente se acaba la Navidad.

OTR Press

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