Cayetano González.- Convivencia fracturada

Publicado 04/09/2018 8:01:35CET

MADRID, 4 Sep. (OTR/PRESS) -

A la vuelta del periodo estival y ante el comienzo de un nuevo curso político, el problema más grave al que se enfrenta la democracia española -el Gobierno, el poder judicial, el Estado de Derecho en suma- es al que está conformado por la situación política y social en Cataluña, que lejos de mejorar, va empeorando a pasos agigantados.

Desde el punto de vista político, los partidos independentistas, con el tándem Puigdemont-Torra a la cabeza, no han modificado un ápice sus posiciones y siguen empeñados en la instauración de la República Independiente de Cataluña a pesar de que en las últimas elecciones autonómicas los defensores de esa vía no llegaron al 50% del apoyo popular. Los intentos del nuevo gobierno de Pedro Sánchez de abrir cauces de diálogo, de tener continuos gestos para tender puentes, han sido respondidos por los independentistas con la más absoluta indiferencia o en algunos casos con posturas y palabras tan provocadoras como las pronunciadas este verano por el actual Presidente de la Generalitat cuando dijo que no es que hubiera que defenderse del Estado, sino atacar a este.

Pero lo más grave de estas últimas semanas es el ambiente de fractura social total que se está viviendo en el seno de la sociedad catalana. Los diversos episodios de enfrentamientos a cuenta de los lazos amarillos; las agresiones físicas a personas que han querido retirar ese símbolo independentista; los insultos a dirigentes de partidos constitucionalistas; la casi nula actuación de los Mossos de Esquadra para mantener y asegurar el orden público son algunas de las muestras de algo mucho más de fondo: la fractura de la convivencia que tiene también otras manifestaciones de ruptura en el seno de las propias familias, en los grupos de amigos. Una pendiente muy peligrosa, por la que el deslizamiento es muy fácil.

Sin duda alguna, los mayores culpables de esta situación son los responsables políticos de las Instituciones catalanas y de los partidos independentistas que desde la celebración de la Diada del 2012 han estado alimentando en la población unos sentimientos de rechazo a todo lo que significara la pertenencia a la Nación española. Han jugado esos dirigentes independentistas con promesas y escenarios imposibles de lograr en pleno siglo XXI como era la independencia de Cataluña pero permaneciendo esta en la Unión Europea. Cuando han visto que la democracia española, su Estado de Derecho, era más fuerte que lo que ellos pensaban, en lugar de rectificar han seguido empecinados en unas posturas que lo único que están consiguiendo es el empobrecimiento de esta parte de España además de, reitero, provocar la fractura de la convivencia en el seno de la sociedad catalana.