MADRID 5 Jun. (OTR/PRESS) -
Este sábado llega a España el Papa Leon XIV. Un viaje que ha sido preparado con extraordinaria minuciosidad porque el Vaticano no deja nada a ocurrencias de última hora y porque la administración española, como es natural, quiere dejar claro al mundo que sabe estar a la altura de los acontecimientos en lo que a organización, protocolo y seguridad se refiere.
La llegada del Papa se produce en un momento político agobiante, crispado y creo que un punto entristecido porque nada de lo que vemos, leemos y escuchamos invita al optimismo y ni siquiera a la serenidad porque por mucho que el Presidente haga como si nada ocurriera lo cierto es que cuanto más intenta sortear la realidad con la inestimable ayuda de Oscar López o de Oscar Puente, la opinión pública, al menos una gran mayoría de la misma, más se aleja de la más mínima fe en algunos responsables políticos.
Al Vaticano no se le escapa la situación española. No ignora que habrá partes de la sociedad que critiquen al Papa y que si pueden se harán notar. Cuenta con ausencias políticas y da por hecho que, desde el mundo político, se tratara de rentabilizar la visita de quien es el líder religioso de millones y millones de hombres y mujeres que habitan en los cincos continentes.
El Papa no viene como candidato a unas elecciones, de ahí que es casi seguro que nada de lo que se le pueda criticar, de los desafectos que pueda percibir, le van a causar la más mínima perturbación. El Papa sabe que su reino no es de este mundo y de una manera u otra ese va a ser su mensaje cuando visite a los más pobres, cuando asista al Congreso o cuando se entreviste con responsables políticos. Hablara de paz, de justicia, de misericordia. Pondrá en valor la dignidad de cualquier ser humano sea cual sea su condición social, su raza o su religión. El Papa, bajo el lema Alzad la Mirada, hará valer los grandes valores del cristianismo, esos valores que de llevarlos a la práctica, harían de este mundo un lugar más habitable, miraríamos al otro con respeto y cercanía, la soledad de muchos se vería aminorada por la solidaridad y la pobreza que todavía existe en España y fuera de España sería menos pobre si el dolor ajeno nos doliera como el propio.
Todo esto es mucho pedir por eso el Papa hará bien en insistir en que lo que parece imposible, puede hacerse realidad si todos, con independencia de creencias y status, alzamos la mirada y aunque sea por unos días, nos atrevemos a soñar con un mundo mejor.