Esther Esteban.- Más que palabras.- De sainetes y... esperpentos.

Actualizado 17/10/2009 14:00:22 CET

MADRID, 17 Oct. (OTR/PRESS) -

Ha sido un sainete, un esperpento, la historia de un atrincheramiento que duró 24 horas en las que los militantes y los votantes del PP sintieron, con razón, vergüenza ajena. El "numerito" previo a la destitución de Ricardo Costa ha sido tan lamentable que faltan adjetivos calificativos. Tras el martes negro del PP y el miércoles de pasión de Costa, todas las miradas se han centrado en Camps, en Rajoy y en la situación en que han quedado ambos tras el espectáculo bochornoso de esta interminable semana.

Opiniones, como siempre, las hay para todos los gustos, desde los que sostienen que el presidente valenciano ha salido tocado y debilitado en este trance, hasta los que piensan que, la culpa del vodevil, ha sido de Rajoy por haber dejado pudrirse el problema hasta que le ha estallado en las manos. Sea como fuere, algo se ha roto entre el líder de los populares y el valenciano por mucho que ambos lo nieguen. "Mantengo con Camps el mismo nivel de confianza. Mi voluntad es que siga siendo presidente del PP en valencia y candidato a la presidencia en el 2011", dijo Rajoy en su rueda de prensa del jueves de resaca. Tal vez sea así, pero las heridas de estos días de mentiras, enredos y traiciones serán difíciles de cicatrizar.

Mas allá de las responsabilidades judiciales -y de las actuaciones dudosas, muy dudosas que desde un punto de vista legal se están produciendo en este caso-, este tema pone el dedo en la llaga de un mal terrible que aqueja a toda la clase política española empeñada mas en mirarse a su pequeño e insignificante ombligo, que en dar soluciones a la terrible crisis que padecemos. Si de muestra vale un botón, un informe de la Comisión Europea ha advertido a España que nuestras pensiones y la sanidad publica peligran si no se consigue controlar el déficits y se produce un severo recorte en el gasto. El aviso debería hacer que todos: Gobierno y oposición se pusieran las pilas pero no ¡que va!. El mal que nos asfixia es el desprestigio y la miopía política y partidista de nuestros dirigentes, cada día más alejados del común de los mortales.