MADRID 4 Mar. (OTR/PRESS) -
El peor pecado de nuestra vida política, por tanto de nuestra democracia, es, digámoslo ya desde el comienzo, la falta de acuerdos en temas sustanciales. Esta vez lo digo porque me parece sencillamente increíble que una sola persona, por muy jefe del Gobierno de España que sea, haya decidido dar un paso en política internacional teniendo al Parlamento 'cerrado por vacaciones' y sin encomendarse no solamente a la oposición, sino ni siquiera a su propia coalición.
La medida de prohibir a los aviones norteamericanos en Morón y Rota, dos bases aéreas militares norteamericanas pero en teoría de soberanía española, utilizarlas como escala hacia misiones militares estadounidenses en Oriente Medio, o concretamente en Irán, es un paso que a algunos podría gustarles sin ponerle demasiados reparos: un acto de soberanía. Pero jamás podría aprobarse lo que se ha hecho como se ha hecho, sin hablar con los órganos consultivos, sin pasar por el Parlamento, sin consultar con las otras fuerzas políticas. Porque se trata de una medida que podría resultar peligrosa para los intereses españoles a corto y medio plazo -a saber cuál será la reacción del colérico Trump ante este nuevo desplante del Gobierno español-.
La violación de la legalidad por parte de los Estados Unidos invadiendo Irán o deteniendo ¡¡en Venezurela!! a Nicolás Maduro, no justifica el desprecio a la legitimidad impuesta por usos y costumbres democráticas. Y una de ellas es el respeto a los consensos en política exterior, máxime cuando haya de tomarse una decisión de gran trascendencia, como es desafiar al inquilino de Washington, que es algo que ni siquiera otras potencias europeas mucho más fuertes que España, como Alemania, Francia o el Reino Unido, se han atrevido a hacer. También es cierto que el desmantelamiento del tiránico, criminal régimen de los ayatolas para nada justifica los bombardeos que, unilateralmente, han impuesto sobre Irán Trump y Netanyahu.
Así que nada justifica, a mi entender, lo que está ocurriendo en estos momentos en un mundo en el que aparentemente Pedro Sánchez ha decidido marcar su impronta como 'líder de la izquierda internacional'. La democracia se cuida y mejora con más democracia y el hecho de que en los Estados Unidos, antaño ejemplo de libertades, se estén olvidando tantas cosas moralmente imprescindibles no autoriza a que otros países hagan lo mismo, aunque sea a pequeña escala.
Así, ya vemos que el Gobierno español se aferra a sus viejos principios de no consultar para nada sus decisiones con las partes afectadas por ellas, sea en materia presupuestaria, laboral, social o, ya vemos, internacional. Y lo peor de todo es que aquí nadie, ni siquiera esa oposición ignorada, eleva la voz por ello. Ya nos hemos acostumbrado.