Más que palabras.- Javier, Ricardo y los demás

Publicado 03/04/2014 12:00:12CET
Actualizado 03/04/2014 12:00:03 CET

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Más que palabras.- Javier, Ricardo y los demás

MADRID, 3 Abr. (OTR/PRESS) -

Los periodistas somos una tropa peculiar. Los hay valientes y cobardes, los hay obtusos e inteligentes, los hay astutos y escurridizos, pendencieros, tramposos... y los hay héroes en la verdadera acepción de la palabra. Son una rara avis que lleva tinta en las venas y que entienden la profesión como un acto de entrega y servicio. Hay muchas formas de ejercer el contrapoder político económico y social y muchas también de hacer un periodismo de denuncia de ese que remueve las entrañas y, afortunadamente algunos son maestros en despertar conciencias.

A esa selecta "tribu" pertenecen Javier Espinosa y Ricardo García Vilanova. A Javier le conocí hace muchos años, cuando era un "pipiolo" que empezaba en el oficio y como los dos trabajamos para El Mundo, siempre le he seguido la pista y aunque a Ricardo no le conozco ambos me resultan igual de cercanos y familiares. Tal vez porque desde hace meses siempre que hablaba con las secretarias del periódico y preguntaba si se sabía algo de ellos se me encogía el corazón al recibir por respuesta el "no" rotundo y después un clamoroso silencio, o tal vez porque su forma de ejercer el periodismo valiente y responsable me sirve, de vez en cuando, para volver a recuperar la fe en una profesión que, entre todos, hemos prostituido demasiado.

Ambos han vivido una dura experiencia en un lugar el mundo sin Estado ni seguridad, ni leyes y como ellos aún hay otra treintena de informadores de distintos países detenidos por los rebeldes sirios.

Con su liberación todos hemos vuelto a recordar que lo peor que puede pasar en una guerra es el apagón informativo y eso precisamente es lo que quiso evitar Javier que cubrió los terribles sucesos del barrio de Baba Amr, en Homs, donde el centro de prensa fue bombardeado, y ayudó a evacuar a los heridos, incluso no salió de la ciudad hasta que partió el último convoy de civiles.

Cuenta Casimiro Garcia Abadillo que cuando fue a recibir a los compañeros al aeropuerto Javier se le acercó a abrazarle con una sonrisa y le dijo sin más "perdóname por esos seis meses que he estado sin poder escribir" y ¡claro! al director de El mundo se le pusieron los pelos como escarpias y luego escribió lo sucedido con el sugerente título de "Se llama Periodismo". Lo mismo le ocurrió a Pedro J. Ramírez que en su despedida del periódico lamentó profundamente no estar en el puente de mando el día que liberaran a los periodistas.

Hace poco volví a ver "La sombra del cazador" una película de Richard Shepard estrenada hace unos años en la que un reportero de televisión, interpretado por Richard Gere, y su cámara por, Terrence Howard, que habían trabajado en las zonas más calientes del planeta desde Somalia al Salvador cubriendo todo tipo de guerras y conflictos, vuelven a encontrarse pasados los años y localizan al criminal de guerra más buscado de Bosnia. Es una exclusiva que sólo se tiene una vez en la vida y ellos la quieren y también un acto de Justicia.

Aunque lógicamente es cine y ficción la película refleja el mundo complejo de los corresponsales de guerra y sobre todo la pasión por el periodismo y el descrubrimiento de la verdad. Una pasión, la de poder contar la verdad y convertirse en la voz de los más desfavorecidos que a Javier, Ricardo y Marc casi les cuesta la vida y otros muchos compañeros que se han quedado en el camino. ¡Cómo no recordar estos días, a Julio Fuentes, Pepe Couso, Julio Anguita, Miguel Gil o Ricardo Ortega entre otros muchos periodistas que se fueron defendiendo con sus armas de papel la libertad de expresión y el derecho a la información! Ellos son nuestros héroes por valientes y sobre todo ser Periodistas y dignificar el oficio más bonito del Mundo.

Ellos nos hacen grandes a los que somos pequeñitos y en su presencia nos sentimos casi miserables. Bienvenidos amigos. Son una especie de revelación en tiempos revueltos.

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