Publicado 28/03/2026 08:00

Fermín Bocos.- Crímenes sin castigo

MADRID 28 Mar. (OTR/PRESS) -

Vivimos tiempos extraños, de sensibilidad difusa. La polarización política y el sectarismo tienden a embotar el criterio acerca de lo que está bien y lo que no. Tenemos un ejemplo en la indiferencia con la que, en general, la izquierda ha recibido la aplicación del régimen abierto a una treintena de presos de la organización terrorista ETA condenados por asesinatos o secuestros.

Una medida impulsada por el Gobierno vasco (coalición PNV-PSE) gestionada por la consejera de Justicia (María Jesús San José) y que en algunos casos permite que de lunes a viernes los beneficiados abandonen la prisión sin más obligación que regresar a dormir al centro penitenciario. Entre los favorecidos figuran nombres destacados en la historia criminal de la banda.

Es el caso del antiguo jefe "militar" de la banda, Mikel Garikoitz, "Txeroki", o más recientemente otra de sus dirigentes: Soledad Iparraguirre, "Anboto", condenada a 717 años de prisión por su participación en 14 asesinatos. Había estado presa con anterioridad en Francia y en España llevaba cumplidos seis años.

Su salida ha provocado, con razón, la indignación de las asociaciones de víctimas del terrorismo ante la farisaica interpretación del Reglamento Penitenciario (Art.100.2) que esgrimen algunos dirigentes del PSOE para intentar disimular el vergonzoso origen de todo este asunto. Que no es otro que al pacto alcanzado entre Pedro Sánchez y Arnaldo Otegi que facilitó el apoyo de Bildu a la moción de censura que permitió a Sánchez llegar a La Moncloa. Un apoyo que los diputados de este partido han mantenido a lo largo de toda la legislatura. Fue el propio Otegi quien, al explicar el pacto, lo relacionó con la excarcelación de los presos etarras.

La ley en vigor establece diversos requisitos para que un condenado pueda acceder al régimen abierto: buena conducta, arrepentimiento, resarcir a las víctimas, colaboración con la Justicia para esclarecer delitos de los que tuviera conocimiento -más de 300 atentados de la ETA siguen sin esclarecerse. Ninguno de los presos que se han beneficiado hasta ahora de la medida han facilitado datos sobre esos casos pendientes.

La banda terrorista que asesinó a 867 personas y provocó miles de heridos y múltiples estragos intentando hacer descarrilar la democracia, cometió sus crímenes en nombre de un presunto ideal antropológico y social respaldado por una ideología política marxista y nacionalista. Para quienes miran para otro lado ante el escándalo de las excarcelaciones habría que señalar que es verdad que la ETA ya no mata. Y que se puede dejar de ser terrorista. Pero quien haya matado seguirá siendo un asesino. Qué tiempos en los que hay que recordar hasta lo que debería ser evidente.

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