Fermín Bocos.- La dignidad de Marchena

Publicado 21/11/2018 8:01:22CET

MADRID, 21 Nov. (OTR/PRESS) -

Todavía hay jueces en España. La renuncia del magistrado Manuel Marchena a presidir el CGPJ y el Tribunal Supremo tras asistir al vergonzoso espectáculo de pasteleo entre el PSOE y el PP para renovar éste órgano acredita la honradez de este fiscal al tiempo que lanza un poderoso mensaje a quienes desde la política pretenden mercadear con la imparcialidad de los jueces. Manuel Marchena renuncia a la más alta encomienda a la que puede aspirar un magistrado y lo hace para demostrar su rechazo a la forma en la que la ministra de Justicia Dolores Delgado y el ex ministro del ramo, Rafael Catalá, habían acordado repartirse entre el PSOE y el PP la designación de los futuros vocales del CGPJ.

A Manuel Marchena le había asignado la presidencia del Consejo que lleva aparejada la del TS antes de que con arreglo al mandato constitucional fueran los vocales electos quienes eligieran al nuevo presidente del Consejo. El mundo al revés; el carro delante de los bueyes. La filtración (ahora se ve que interesada en abrasar a Marchena), generó el consecuente escándalo y dejó pocas opciones al magistrado para aceptar semejante responsabilidad. Por si faltaba poco, al trascender que el portavoz del PP en el Senado (Ignacio Cosidó) se felicitaba del acuerdo alardeando en un mensaje destinado a sus compañeros de tener controlada "por detrás" a la Sala Segunda del Supremo convirtió la situación en un imposible.

Es probable que la filtración del nombre del magistrado procediera de fuentes socialistas con el maquiavélico objetivo de dinamitar con la mano izquierda lo que habían firmado con la mano derecha. Lo que es seguro es que el alarde del senador popular roza la impudicia y le coloca en la pista de salida para renunciar a su acta de parlamentario. Que el PP a través del diputado Javier Maroto haya anunciado que su partido (137 diputados) rompe el pacto acordado con el PSOE (85 diputados) para renovar el Consejo General del Poder Judicial cuyo mandato está a punto de finalizar, es una mala noticia. Una pésima noticia. Bloquea una institución que es pilar del Estado democrático en un momento en el que la Justicia se apresta a afrontar el juicio contra los responsables del "procés" en Cataluña. El que será el proceso judicial más trascendente desde los días en los que fueron juzgados los militares que dieron el Golpe del 23F. De tan lamentable situación solo queda un resplandor: la dignidad del magistrado Manuel Marchena. Su gesto, devuelve la confianza en la justicia española.

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