MADRID 21 Oct. (OTR/PRESS) -
Hay demoras en la crónica de tribunales que resultan llamativas. Por no hablar de agujeros negros que se tragan sumarios retrasando el desenlace de algunos casos notables por la identidad de los investigados. Pongamos que hablamos del que afecta al exministro de Hacienda Cristóbal Montoro (y a otros 26 ciudadanos), investigados por la creación de una red de influencias que presuntamente habría favorecido a determinadas empresas gasísticas y del juego a las que beneficiaron cambios legislativos introducidos a cambio de supuestas compensaciones económicas que investiga desde 2019 la Fiscalía Anticorrupción. Las normas y reformas fiscales habrían sido impulsadas, presuntamente, a cambio de pagos al despacho Equipo Económico, fundado en 2006 por Montoro. La investigación, que ha sufrido múltiples solicitudes de prórroga, lleva años atorada.
Otro caso en el que la demora resulta noticiosa es el que afecta a Jordi Pujol, expresidente de la Generalidad de Cataluña, y a seis de sus hijos. Pujol confesó ante el Parlamento autonómico haber ocultado durante 34 años a Hacienda 'dinero ubicado en el extranjero'. Está acusado de cohecho, blanqueo de capitales, tráfico de influencias, delito fiscal, malversación y prevaricación. La Fiscalía Anticorrupción solicita para Jordi Pujol penas de hasta nueve años de prisión y 29 para Jordi Pujol Ferrusola (el hijo mayor). Y, entre 8 y 14 años, para el resto de los miembros de la familia que están procesados. El caso, que fue portada en todos los medios, se fue desvaneciendo hasta desaparecer a la espera de conocer la sentencia. Una demora llamativa. Quizás a la espera de que en el caso que afecta al patriarca de la familia -no así a sus vástagos- encuentre desenlace de la mano de la biología, como ya ocurrió con su mujer, Marta Ferrusola, que también estaba procesada y falleció en 2024 a los 89 años de edad. Jordi Pujol tiene 96 años. El limbo como metáfora a la espera de conocer el desenlace de casos tan mediáticos como olvidados.