Publicado 09/07/2024 08:02

Fermín Bocos.- Mal pronóstico

MADRID, 9 Jul. (OTR/PRESS) -

La letra de "La Marsellesa" emplaza a los ciudadanos a formar batallones y marchar... y eso es lo que, voto en mano, hicieron el domingo muchos franceses votando al Frente Popular y al partido del presidente Macron para cerrarle el paso al partido Reagrupación Nacional, el partido de Marine Le Pen.

Ha sido el sistema electoral el que ha permitido el vuelco respecto de los resultados de la primera vuelta porque la extrema derecha, con el 40 % del voto, ha quedado en tercer lugar pero sigue siendo el primer partido de Francia.

El resultado de los comicios desafía todos los pronósticos heredados de la primera vuelta y proyecta un mensaje nítido acerca del valor político que aparejan los símbolos. Caló el mensaje del temor a un triunfo de la formación cuyo discurso xenófobo y revisionista en torno a la Unión Europea asustaba a una parte de los ciudadanos provocando la movilización de electores que en otra circunstancia se habrían abstenido. El escenario político que se abre es complejo. El partido de Enmanuel Macron sale de las urnas como segunda fuerza, menos perjudicado de lo que apuntaban los resultados de las dos últimas elecciones -las europea y en la primera vuelta-, pero sin fuerza suficiente como para seguir en solitario.

El presidente, que convocó las elecciones porque la Asamblea Nacional era ingobernable se encuentra ahora con un resultado todavía más compleja a la hora de gobernar. Ninguna fuerza tiene mayoría lo que obligará a negociar sobre la base de renunciar a programas de máximos como el que reclamaba Jean Luc Melenchon, el líder de la Francia Insumisa y cabeza del nuevo Frente Popular que, cuando todavía estaba por confirmar el resultado, ya exigía la dimisión del primer ministro, Gabriel Attal, y el abandono de la rebaja de la edad de jubilación a los 64 años.

Lo que venga a continuación está por ver porque Melenchon, conocido antisemita que se postula como sustituto, quizá tenga que hacerse a un lado para dar paso a un candidato de la izquierda menos radical. Tal vez del renacido Partido Socialista. Todo está en aire. La arriesgada jugada de convocar elecciones al filo del terremoto que supuso la primera vuelta no le ha salido del todo mal al presidente Macron, que es quien ahora tiene en sus manos las cartas para seguir manejando desde el centro el gran juego de la política en nombre de los valores de la República. Tendrá que ceder protagonismo a la izquierda pero hará lo imposible por alejar la cohabitación con Jean Luc Melenchon, el líder de la extrema izquierda. Dada la situación , cualquier pronóstico sería aventurado.

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