MADRID 8 Abr. (OTR/PRESS) -
La crisis política por la que atraviesa la oposición convierte la investidura de Zapatero en liturgia parlamentaria sin gancho ni misterio. En el Congreso, los fotógrafos van a retratar más a Soraya que a Mariano. Rajoy está políticamente amortizado pero fiel a su trayectoria, hace como que no se ha enterado. Los periódicos afectos al PP cada día hablan más de Esperanza Aguirre, y los demás, de Ruiz Gallardón .
Que la presidenta de Madrid decida o no a dar el paso depende de muchos factores pero no hay duda de que la marea de cambio está subiendo. Salvando las distancias -que son muchas-, la crisis recuerda a la del PSOE cuando Felipe perdió las elecciones con Aznar y fue, designando sucesor y heredero del poder del aparto a Joaquín Almunia; decisión que una parte de los militantes rechazó aupando a Borrell en las primarias.
Solución democrática ésta -elecciones primarias, como en América- que es lo que ha querido evitar Rajoy por miedo a la marea que ,como casi todas, en tiempos en crisis, suele cursar con el aroma salobre del cambio. Como digo, pese a que hoy arranca la legislatura, más que en el discurso de Zapatero en el Congreso- ¿pedirá disculpas a los ciudadanos por las trolas de la tregua con la ETA?- el morbo y las incertidumbres están relacionadas con la cábalas sobre el incierto porvenir político de Mariano Rajoy.
En su partido, parece que cada día hay más gente dispuesta a pasar página y jubilar a Moisés. Todavía no ha empezado la legislatura y ya están hartos de tanta travesía en el desierto. Por eso está subiendo la marea.
Fermín Bocos.