Fermín Bocos.- Que no nos mientan

Publicado 09/05/2019 8:00:28CET

MADRID, 9 May. (OTR/PRESS) -

Michel de Montaigne recomendaba no mentir a quienes no estuvieren seguros de su memoria. Parece oportuno traer la cita a colación al hilo de la propaganda que se nos vine encima en esta segunda vuelta electoral que van a ser los comicios municipales, europeos y autonómicos del próximo día 26. Quien no pueda cumplir que no prometa y quien tenga la tentación de meter en sus programas proyectos sin memoria económica que los respalde, que se abstenga de intentarlo. Estando como está tan desacreditada la condición de político sería de agradecer que aquellos que aspiran a gobernar no pocos aspectos de nuestras vidas -sin pedir permiso, por cierto- tuvieran la nobleza de no intentar engañarnos.

Puesto que se acerca la hora de que los candidatos a freírnos con impuestos y normas que nadie reclama nos bombardeen con los cuentos propios de las campañas electorales lo razonable sería que no nos trataran como si fuéramos menores de edad. Ya que la política se ha convertido en un oficio, en una forma de ganarse la vida a costa del prójimo -a costa nuestra, de los impuestos que pagamos los ciudadanos- exigimos que nos traten como lo que somos: sus benefactores. Y que, en consecuencia, no intenten engañarnos ocultando planes para subir impuestos (hay precedentes muy recientes) o prometiendo lo que no está a su alcance realizar.

Que no se comprometen, pongo por caso, a llevar el AVE hasta tal o cual comunidad si saben de antemano que no van a poder cumplir. O en órdenes municipales, que quien quiera ser alcalde y anuncie tal o cual reforma que sepa que los vecinos lo que más agradecemos es que no se nos fría a impuestos. Los programas electorales de los diferentes partidos deberían ser un contrato de hierro con los votantes porque lo prometido hay que cumplirlo. Proyectos y promesas realistas. Hay razones para desconfiar de aquellos políticos que prometen transportes públicos gratis o aparcamientos disuasorios a las afueras de las capitales que después de las elecciones se quedan en obras muertas; o cambios en la normativa circulatoria de las ciudades que nacen con polémica y contribuyen a cabrear al personal que, por poner un ejemplo, no acaba de entender, que se restrinja el uso de coches particulares en los centros urbanos al tiempo que autobuses mastodónticos que contaminan como gigantescas chimeneas de fábrica estén todo el día llevando de un lado para otro llevando a miles de turistas. Ya que viven de los contribuyentes parece razonable emplazar a los políticos a que nos respeten. Que cumplan sus promesas electorales y no traten de imponernos cómo debemos vivir.

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