Publicado 14/09/2022 08:00

Fermín Bocos.- El rey emérito en Londres

MADRID, 14 Sep. (OTR/PRESS) -

El rey Felipe VI, acompañado de la reina Letizia, asistirá el próximo lunes en Londres al funeral de Estado por la reina Isabel II de Inglaterra. En la ceremonia también estarán presentes don Juan Carlos de Borbón, el rey emérito, y su esposa, doña Sofía. Más allá del protocolo y la razones de buena vecindad entre países amigos que explican por qué ese día coincidirán en la capital británica la mayor parte de las testas coronadas del continente -amén de otros jefes de Estado-, en el caso de los reyes eméritos la invitación a asistir a las honras fúnebres obedece a los lazos de parentesco de ambos con la finada monarca, con la que mantuvieron una estrecha relación.

Dada las peculiares circunstancias que rodean el "exilio" de don Juan Carlos en Abu Dabi su presencia en la abadía de Westminster está dando pie a todo tipo de especulaciones. Sobre todo en España. Se ha llegado a publicar -sin confirmación oficial- que el Gobierno habría estado en contra de que el rey emérito asistiera al funeral. De ser así, habría sido una injerencia en las decisiones de un ciudadano español que en España no tiene causa abierta en ningún tribunal y que en consecuencia es libre de ir a donde le plazca. Cosa diferente es que su presencia en Londres traiga como consecuencia la inevitable evocación de la denuncia por acoso interpuesta contra él ante el Tribunal Superior de Londres por su antigua amiga Corinna Larsen.

Dicho tribunal rechazó que el rey emérito gozara de inmunidad por lo que el proceso sigue abierto en otra instancia de apelación al haber denegado el juez a los abogados de don Juan Carlos un recurso contra su dictamen. Esta circunstancia arroja alguna inquietud al respecto de la presencia del ex monarca en la capital británica, pero nada indica que vaya a originar algún episodio de carácter judicial.

La ocasión que explica su presencia es demasiado solemne como para imaginar que nada externo pueda enturbiar la ceremonia. Si bien se puede entender que don Juan Carlos, al aceptar la invitación del Foreign Office, asume un riesgo considerable: ser blanco en España de la mal llamada prensa del corazón. Y ya sabemos cómo se las gastan en determinados canales y programas de televisión.

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