MADRID 5 Feb. (OTR/PRESS) -
Todo cambia para que todo siga igual, como bien sabía el joven Tancredi Falconeri de "Il Gattopardo". La metáfora clásica para señalar la estrategia política que se conoce como "cortina de humo" ha dado paso a un doble sintagma muy presente estos días en las crónicas políticas: "ganar el relato". Anticiparse con propuestas que cambien el signo de los debates.
Si tras el accidente en la vía de alta velocidad en Adamuz (46 víctimas) y el de otro de los trenes de Cercanías en Cataluña, la marea social venía alta exigiendo la dimisión del ministro de Transportes, inopinadamente, se procede a anunciar la regularización de medio millón de inmigrantes. Se soltaba una liebre con el objetivo de dividir los debates.
Pero no fue suficiente. Al comprobar que no bajaba el tono ni la extensión de las criticas a la arrogancia del ministro Óscar Puente -infatuado hasta el punto de decir que no tenía intención de dimitir porque hace las cosas bien-, liberaron otra liebre: el anuncio de un proyecto de ley para prohibir el acceso a las redes sociales a los menores de diez y seis años. Una iniciativa de Sumar que llevaba tiempo en el dique seco del Congreso pero que Pedro Sánchez la hizo pública a su paso por una Cumbre internacional que se celebraba en Dubai.
La apuesta era segura. Atención mediática instantánea y repercusión asegurada dentro y fuera de España porque, en este asunto, el enemigo a batir es nada menos que Elon Mask, el gigante de la más extendida de las redes sociales. Dos pájaros de un tiro: en casa introducir un nuevo asunto destinado a polarizar los debates. Fuera, en términos de imagen, constituirse en campeón del progresismo mundial. ¿Es mala dicha iniciativa? En principio,no. Tiene aspectos positivos y otros que, en orden a la libertad de los padres para educar a sus hijos, habría que considerar.
Y para eso está el Parlamento, para analizar y discutir los pros y contras de los proyectos. También en el caso de la regularización de los emigrantes. Sería lo normal ateniéndonos a los usos y costumbres de los sistemas democráticos avanzados. Pero aquí tienen prisa para cambiar el relato acerca de los asuntos que le resultan incómodos al Gobierno. E incómodo es, desde luego, que los familiares de las victimas, los usuarios de Cercanías, la oposición, los maquinistas y demás empleados de los ferrocarriles exijan la renuncia del ministro de Transportes. Por eso había que intentar ganar el relato introduciendo otras liebres en el debate. Sánchez gana tiempo. Vive al día.