Diario de otra campaña.- El enorme desgaste que estamos padeciendo

Publicado 25/05/2019 8:01:35CET

MADRID, 25 May. (OTR/PRESS) -

Concluyó, laus Deo, la segunda campaña electoral en dos meses. Créame si le digo que uno, que ha peleado en mil contiendas, siempre, eso sí, como mirón y desde la grada, ha visto pocas tan átonas, tan vacías de ideas y hasta de entusiasmo, como esta. El error de convocar dos elecciones consecutivas ha quedado patente en múltiples consecuencias: jamás se deberían haber realizado en paralelo a un juicio contra independentistas que ha hecho saltar todos los fusibles de nuestra legislación. Que, desde luego, poco podía prever, por supuesto, todo lo que venido ocurriendo en los dos últimos años, hasta desembocar en la patata caliente de si se anulaba o no la condición de parlamentarios de los presos. Las consecuencias de todo ello están siendo devastadoras: una pugna entre los poderes definidos por Montesquieu, un desgaste de las instituciones y un enorme descrédito de la imagen de España en ciertos foros internacionales, donde, admitámoslo, los secesionistas juegan mejor que nuestra diplomacia clásica.

Podríamos, si se quiere, culpar al Gobierno, o a la señora Batet, o a los líderes de la oposición que quizá se hayan pasado de la raya en ciertos momentos, o a los jueces del Supremo, o a los medios, que a veces no entendemos bien de qué van las jugadas, o a la maldad de Puigdemont --de la que no tengo dudas, por cierto-- o a la ineficacia de nuestros cónsules, o... Me temo que se trata de un conjunto de todas estas cosas, mezcladas con una coyuntura que, cuando el perro está flaco, lo llena de pulgas. La suerte solo existe cuando las cosas se hacen bien, y debemos admitir, en este fin de campaña abocado a la jornada electoral, que aquí se han hecho muchas cosas regular o mal, y no solamente --que por supuesto-- en la Generalitat de Cataluña pilotada por un fanático incapaz de gestión constructiva alguna.

Así, hemos concluido una campaña 'europea' en la que de casi todo se ha hablado menos de Europa y de la angustiosa situación que vive el mundo emparedado entre Trump, Putin y la China imperialista; ha finalizado una campaña autonómica en la que los problemas de la financiación, de las desigualdades electorales, sociales y económicas, han pasado como de puntillas; ha terminado una campaña municipal en la que lo sustancial han sido las peleas entre derecha e izquierda (y entre derechas y derechas e izquierdas e izquierdas), sin que asuntos como el despoblamiento, la inmigración, los impuestos, la reforma electoral para que los alcaldes sean elegidos en doble vuelta, el cuestionado papel de las diputaciones provinciales, hayan merecido la menor atención de quienes ocupaban los atriles ni, peor aún, de quienes les escuchaban.

Es decir, salimos de una doble confrontación electoral sin haber siquiera intentado solucionar los problemas más graves que nos aquejan, habiendo empeorado algunos --Cataluña, el papel de España en Europa, el reforzamiento de la jefatura del Estado-- y dejando todo pendiente para un futuro que se nos antoja incierto, aunque sí es verdad que algo más sólido que hasta ahora. Cuando, este lunes, conozcamos qué ha ocurrido con la 'batalla de Madrid', con la de Barcelona, Zaragoza, Cádiz y tantas otras, cuando sepamos cuántos puntos rojos ha ganado nuestro mapa nacional, es el momento de plantearnos las grandes reformas, los grandes pactos. Pero ya verán ustedes cómo de lo que seguiremos pendientes es de si Pablo Iglesias se convierte o no en el nuevo ministro de Trabajo. O de qué.

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