MADRID 3 Mar. (OTR/PRESS) -
Tardaremos en conocer todos los detalles del ataque conjunto israelí-estadounidense que acabó con las vidas del ayatolá Alí Jamenei, líder supremo de Irán y las de varios altos mandos de la cúpula militar de aquél país. Lo que ya está en todas las crónicas es el balance provisional de la operación que, en términos políticos, ha intentado desestabilizar al régimen que, con mano de hierro, lleva gobernando Irán desde la caída del Sha en 1979. El Irán de los ayatolás chiitas ha sido uno de los enemigos declarados de Israel en la región. Patrocinador de organizaciones terroristas como Hamas (Gaza), Hezbolá (Líbano) o los hutíes (Yemen).
En Israel, el bombardeo en el que fue asesinado el ayatolá Ali Jamenei ha sido recibido como la respuesta al ataque contra su territorio perpetrado el 7 de octubre por milicianos de Hamas en el que fueron asesinadas 1.195 personas y 251 fueron secuestradas y escondidas en Gaza. Aquel acto terrorista desencadenó la posterior ocupación de la Franja por tropas regulares israelíes y la masacre de más de setenta mil palestinos. Injustificable ley del talión a ojos del Derecho Internacional. En ambas direcciones. Irán, patrocinador de Hamas, respondió a la invasión de Gaza con el lanzamiento de misiles sobre Israel. El primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, que fue el primero en anunciar la muerte de Alí Jamenei, evocó el ataque del 7 de octubre, clave, como digo, para justificar el asesinato en términos de política interior israelí.
Pero, dado que el bombardeo de Teherán y otras ciudades iraníes fue llevado a cabo de manera conjunta por aviones israelíes y norteamericanos, cabe preguntar por qué se embarcó Donald Trump en esta aventura. Porque más allá de la histórica alianza entre Washington y Jerusalén que siempre respaldó a Israel en todas las guerras que libró con los países árabes vecinos, puede que en esta ocasión EE.UU. haya mirado más lejos. Muy lejos. El Irán que conocemos es un aliado político de China, país que importa el 90% del petróleo que exporta Teherán. Otro de sus proveedores era Venezuela hasta el descabezamiento del régimen chavista llevado a cabo con la "extracción" de Nicolás Maduro por fuerzas norteamericanas. Hoy ,esa fuente de petróleo ha sido cegada.
El presidente Trump ha invitado al pueblo iraní a encarar su destino aprovechando la situación para deshacerse del régimen de los ayatolás. Con otro régimen en Irán podrían cambiar las alianzas políticas y el destino de su codiciado petróleo. Estamos asistiendo a un episodio de guerra regional, pero en el contexto geoestratégico global Rusia quedó atrás y la disputa por la hegemonía mundial se libra entre Washington y Pekín. Esa pugna marcará para la historia el siglo XXI.