MADRID 14 Abr. (OTR/PRESS) -
Por supuesto, para nada estoy comparando al prorruso húngaro Víktor Orban, destronado este domingo por las urnas tras dieciséis años de mandato, con Pedro Sánchez. Nada, o muy poco, que ver el uno y el otro, entre otras cosas porque tanto Putin como Trump hubiesen apostado gustosos por la permanencia de Orban al frente del Gobierno húngaro y, en cambio, sospecho que tanto el mandatario norteamericano como el ruso estarían encantados con una caída del presidente español. Simplemente digo, y repito, que se va el 'decano' Orban, el hombre que más tiempo llevaba al frente de un Gobierno europeo. Y que ahora el récord lo ostenta (con permiso del presidente de Croacia), Pedro Sánchez, en este cuarto de hora 'nuestro hombre en Pekín', pasado mañana 'nuestro coordinador de latinoamericanos de izquierdas', la semana próxima quién sabe...
Orban llevaba en el poder desde hace casi dieciséis años (los hubiese cumplido en mayo). Y Sánchez cumplirá en junio ocho años al frente del Ejecutivo español, mientras en Francia han pasado por el cargo, desde 2018, cuatro primeros ministros, cinco en Gran Bretaña, tres en Italia, lo mismo que en Alemania desde Angela Merkel, dos en Portugal... Solamente Croacia, con el conservador moderado y europeísta Plekovic, supera a España en la longevidad en el cargo de su primer ministro, aunque debemos advertir que el caso croata, miembro más reciente de la UE, tiene connotaciones particulares, distintas y distantes de las españolas.
Claro, excluimos de cualquier lista homologable 'europea' al propio Putin, que lleva 24 años mandando en el Kremlin (y lo que le queda, al parecer) y a su títere bielorruso, Lukashenko, que solo lleva ¡31 años! detentando el poder. Y no olvidemos que Trump acaricia una posible enmienda constitucional para quedarse en el despacho oval hasta después de 2028. Pero todo eso, claro, nada tiene de auténtica democracia, así que pasemos a hablar en serio.
Por supuesto, soy un ferviente partidario de la limitación legal de mandatos, algo que ya sabemos que no existe en España ni en algunos otros países europeos, que, de todas formas, ya vemos que conjugan con mayor frecuencia y alegría la alternancia en el sillón de mando que en esta 'España de 2018'. Me preocupan los efectos que sobre una democracia sana tiene una larga pervivencia en el poder: ese 'síndrome de Hubris' que hace que el mandatario acabe despreciando a quienes no están en su órbita (e incluso a los que sí están), creyéndose impune e inexpugnable y utilizando más allá de lo razonable los mecanismos que el poder da para disfrutarlo y para perpetuarse.
Sí, me inquieta esa intención reiteradamente expresada por Sánchez de presentarse en 2027 a las próximas elecciones generales e intentar, claro, ganarlas a costa de las alianzas que sea, de las concesiones que exijan los posibles aliados, que a veces son, ya lo decía Churchill, extraños compañeros de cama. E incluso indeseables ocupantes del mismo lecho.
Sánchez es, no cabe discutirlo, un experto en supervivencia política. Lo demuestra cada día, ahora con su arriesgada, pero creo que justificable, pirueta internacional convirtiéndose en el campeón de la hostilidad europea hacia Donald Trump. Un paso sin duda rentable en las urnas nacionales y en muchos medios de prensa internacionales, pero, ya digo, potencialmente peligroso frente a una personalidad tan inestable -en Estados Unidos se habla ya de inhabilitarle por presuntos problemas mentales- como la del inquilino de la Casa Blanca.
La derrota de Orban, una mala noticia para la ultraderecha europea (y por tanto, para la española) es, en cambio, una muy buena nueva para el conjunto de la UE, porque Magyar, sucesor de Orban, es un europeísta convencido, conservador moderado y, se supone, alejado de la órbita del 'neo zar' ruso. A Sánchez, entre otras cosas, la marcha del hasta ahora primer ministro húngaro le coloca, ya digo, en el foco de una longevidad en el cargo que, me consta, se va haciendo poco explicable en algunas cancillerías europeas. Y, por otro lado, les resulta insoportable en Washington, Tel Aviv y otros centros hostiles, por supuesto.
¿Tiene recambio Sánchez al frente del PSOE? No, que se adivine. ¿Será fácil un cambio de signo político en La Moncloa? Las encuestas y las alianzas derivadas de la indeseable normativa electoral española, que hacen el país tan complicadamente gobernable, tampoco ven tan sencilla esta alternancia. Y mire usted, si no, lo que está ocurriendo en Extremadura, Aragón o Castilla y León. O lo que sucedió en las elecciones generales de 2023, por ejemplo. Así que demos la bienvenida, qué remedio, al nuevo 'eurodecano', el personaje que camina sobre la cuerda floja allá por donde va, sea China, Siria o Soria. El caso es mantener la posesión del Falcon, ya se sabe.