Actualizado 11/01/2008 01:00

Fernando Jáuregui.- Atacar al rey es gratis y rentable

MADRID 11 Ene. (OTR/PRESS) -

Faltaban pocas horas para que la España institucional, que incorpora buena dosis de la España real, homenajease al Rey en El Pardo. Acaso por la teoría de los equilibrios, una cadena de televisión privada, poco dada a las alharacas excepto en algunos lamentables programas del corazón, dedicó buena parte de la tarde del miércoles a glosar el libro de un periodista, dicen que especializado en temas de la casa del Rey, aunque por allí no pise mucho, que sepamos.

En el libro, jaleado a mayores por una parte de los tertulianos/as que intervenían en el programa, se airean cuestiones relacionadas con la vida privada de Don Juan Carlos --cosas bien conocidas unas, no probadas otras e improbables varias--, yendo más allá no sólo de lo que es políticamente correcto, sino ética y estéticamente estimable. Allá cada cual, pero el escándalo, con sordina, ha sido grande: en la cena de los quinientos no se hablaba -con indignación- de otra cosa.

No está de suerte el periodista en cuestión, porque por lo que traslució de la cena multitudinaria -no, no fueron ni Izquierda Unida ni Esquerra Republicana de Catalunya, cosas ambas que pueden parecer lógicas; pero, por lo demás, fueron casi todos-- es que al Monarca le queda bastante tiempo en el puesto. Y que Don Felipe, que el día 30 cumple sus primeros cuarenta años, asume plenamente su papel de heredero para lo que valga. Por cierto que, debido a este aniversario principesco --¿cómo piensa conmemorarlo? en privado, dicen en La Zarzuela--, Don Felipe ha declinado asistir a algunos actos, como uno, de cierta relevancia, en Panamá.

No me considero, en absoluto, un pelota de la Corona. He criticado algunas actuaciones de La Zarzuela en no pocas ocasiones, y seguiré haciéndolo, porque cosas que criticar no faltan. Pero pienso que la vida privada, la del Rey, la del Príncipe, la de usted y la mía, ha de preservarse. Y que esta vida privada, en todo caso, nada tiene que ver con nuestras actuaciones en público. Ni aquello de la revista satírica con los Príncipes ni esto del libro y el programa televisivo 'de vísceras' puede contar con la aprobación de cualquiera con unas mínimas pretensiones éticas y estéticas.

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