Fernando Jáuregui.- Ay, Dios mío...

Actualizado 26/04/2008 2:00:26 CET

MADRID, 26 Abr. (OTR/PRESS) -

Atentos como estamos todos a los problemas internos del Partido Popular (que son la anécdota), nos estamos perdiendo la contemplación demorada de los problemas territoriales que, como setas, están surgiendo en esta nueva legislatura presidida por Zapatero. Y, sin embargo, no hay más que echar un vistazo a la prensa autonómica para darse cuenta de la multitud de recelos, incertidumbres, insatisfacciones y agravios comparativos que proliferan por sus páginas.

Estuve el pasado jueves en el desayuno de Europa Press en torno a Iñigo Urkullu. Alta temperatura política, porque el acto venía precedido por unas declaraciones del presidente de la Diputación de Vizcaya, José Luis Bilbao, en las que sugería que el tripartito vasco (PNV, EA, IU-EB) está al borde de la liquidación, acaso para ser sustituído por una alianza de los peneuvistas con los socialistas de Patxi López. Urkullu se dedicó a echar balones fuera, a meterse con los socios y con los socialistas y a amenazar al gobierno central con un 'choque de locomotoras' si Zapatero no atiende a la 'mano tendida' de los nacionalistas vascos.

Dice Urkullu que en junio conoceremos los detalles de los planes de futuro que albergan los actuales gobernantes vascos en relación con la famosa 'consulta popular' de Ibarretxe. "No vamos a hacer ninguna barbaridad", dijo Urkullu --qué menos--. Pero ¿quién decide dónde comienza la 'barbaridad', porque en ese punto se ha detenido la prudencia? A mí, por ejemplo, me parece una barbaridad hablar de "choque de locomotoras", y, en cambio, al señor Urkullu parece que no.

Como barbaridad es -ocurrió dos días antes de esta comparecencia de Urkullu, y en el mismo foro- que don Artur Mas, que lidera el nacionalismo moderado en Cataluña, amenace menos que veladamente con la celebración de un nuevo referéndum para saber si los catalanes aceptarían un Estatut 'aguado' por una sentencia del Tribunal Constitucional que declarase inconstitucionales o 'interpretables a la baja' algunos artículos del texto estatutario. Con ello, Mas advertía al alto tribunal sobre la conveniencia de evitarse la sentencia sobre el recurso presentado en su día por el PP y por el defensor del pueblo. Una advertencia que bordea, pienso, lo ilegal.

Así, lo anecdótico puede ser, por ejemplo, y con ser tristemente sintomático, el follón organizado en torno a la moción de censura contra Acción Nacionalista Vasca en Mondragón. Ahí, como en el ejemplo que ponía al comienzo de las tensiones en el PP, se centra el ruido mediático. Pero lo sustancial discurre, a mi juicio, por los subterráneos. Y se refiere nada menos que a la estructura del país.

En este sentido, confío en que los próximos pasos del señor Zapatero se dirijan hacia la concreción de acuerdos y reglas del juego tanto con el Partido Popular como con los nacionalistas de cara a los cuatro años tremendos que nos vienen. Claro que estos acuerdos, mirando hacia todos lados, no pueden ser los mismos con unos que con otros. Pero un estadista tiene que saber jugar esa política de 'touts azimuts' que tanto gustaba citar a los grandes de la política francesa.

En no pocos gabinetes pensantes existe un cierto horror ante la sensación de que hemos comenzado una nueva y decisiva legislatura en la que puede que los árboles de la crisis económica (cuyo último reflejo han sido los datos de la Encuesta de Población Activa), de la honda -pero, a la vez, superficial- crisis del partido de oposición o el griterío de la muchachada 'abertzale', no dejen ver el bosque del conjunto del Estado. Claro que el precio del arroz, que se está poniendo al nivel de las angulas, tiene importancia. Y sin duda que la comparecencia del presidente del Gobierno en un programa televisivo a veces escandaloso, siempre noticioso, que a veces roza la frivolidad política, es algo interesante. Puede que hasta sea importante, quién sabe.

Sin embargo, reconozco que me parece poco serio que el presidente comparezca antes en ese programa que ante las cámaras legislativas para anunciar qué diablos quiere hacer en esta legislatura bajo su mando ante cuestiones que tienen no poco de angustiosas. Por ejemplo, con una 'guerra del agua' que no se va a resolver tan fácilmente con minitrasvases -perdón, cesiones temporales--. O cómo va a reaccionar ante las citadas amenazas claras de los líderes del nacionalismo, insatisfechos porque no se ha querido contar con ellos a la hora de los primeros escarceos en busca de pactos. Ambos ejemplos evidencian una crisis territorial que mucho tiene que ver con el intento de Artur Mas de frenar por las bravas una sentencia del Tribunal Constitucional que a él no le guste.

Volviendo, en fin, a nuestros desayunos. Lo que más me impresionó del que se celebró en torno a Urkullu lo dijo una colega que estaba sentada a mi lado. Una periodista veterana, vasca, sensata, que procura no inclinarse demasiado hacia lado alguno, aunque ciertamente no sea una simpatizante del nacionalismo, precisamente: "Ay, Dios mío", suspiró tras escuchar una frase del líder del PNV, "llevamos treinta años oyendo lo mismo".

Consolémonos: puede que ZP nos cuente algo nuevo en '59 segundos', así que atentos a la pantalla.

Fernando Jáuregui.

OTR Press

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