Fernando Jáuregui.- Un momento dulce para que Rajoy actúe

Publicado 03/04/2014 12:00:19CET
Actualizado 03/04/2014 12:00:10 CET

Fernando Jáuregui.- Un momento dulce para que Rajoy actúe

MADRID, 3 Abr. (OTR/PRESS) -

Con los buenos datos del paro, la certeza de que 'brotes verdes' asoman por el horizonte económico (muy negro para los bolsillos privados aún), con una cierta paz procedente de las agencias de calificación y de los periódicos 'salmones', en medio de una destacable, aunque coyuntural, 'pax internacional' (o sea, sin conflictos), Rajoy parece hallarse en un momento dulce. Al menos, en este cuarto de hora. Si a ello le añadimos que Artur Mas no para de perder pie en sus pretensiones secesionistas -ahora dice que el Tribunal Constitucional le avala en su idea de celebrar la consulta, cuando todos hemos comprobado que es lo contrario-, hasta el punto de que corre un riesgo creciente de ahogarse, la coyuntura para el presidente de la nación más que dulce se pone almibarada. Tiene que aprovecharla.

Primero, la 'cuestión catalana': pienso que Mariano Rajoy tiene una espléndida oportunidad para iniciar una negociación con la Generalitat de Catalunya, algunos de cuyos portavoces ya ni siquiera hablan de referéndum, sino de 'consulta no vinculante'. Casi un sondeo demoscópico, vamos. Saben que no van a poder, si no es desvirtuándolo, con su compromiso, contraído ante los primeros ministros de medio mundo, de celebrar ese referéndum para el 9 de noviembre. Es la gran ocasión para que Rajoy, cuyas cualidades como negociador aún permanecen inéditas, 'eche una mano' a Mas para salir con cierta dignidad del lío en el que el propio Mas, sin ayuda de nadie, se ha metido: hay cosas que desde el Gobierno central se pueden conceder sin menoscabo del Estado, ni de su Presupuesto, ni del texto formal de la Constitución (más se cedió, a este respecto, con la aprobación del Estatut de autonomía, y ahí sigue...).

Y, si hay que redefinir el Estado autonómico y tocar en algunos puntos una Constitución que, de cualquier forma, tiene que reformarse, pues se hace y aquí paz y después gloria. Rajoy debería entender, todos deberíamos hacerlo, que más vale tener en Mas un aliado al que se le ha permitido ganar en algunos puntos renunciables para el Estado, que ofrecer en bandeja una victoria a ERC en las próximas elecciones catalanas, que ahí sí que las cosas iba a ponerse feas para los propios catalanes y para el resto de los españoles.

El gran problema, a la hora de solventar la insensatez de la que da continuas muestras Artur Mas, es el inmovilismo que aqueja a Rajoy. Una figura a la que yo muchas veces he definido como respetable, pero que empieza a administrar mal, me parece, sus tiempos: los problemas no siempre se pudren y muchas veces, aun pudriéndose, dejan un hedor insoportable para la convivencia. Da la impresión de que el presidente del Gobierno de la nación está ahora mucho más pendiente de las pejigueras de su propio partido -y, por ejemplo, definir quién va a encabezar la candidatura europea del PP no deje de ser una más de esas pejigueras- que de enfrentarse cara a cara con las grandes, espinosas, cuestiones del Estado, comenzando por concluir, antes de que sea imposible, un acuerdo con otro rival-aliado, Alfredo Pérez Rubalcaba. Me dicen que pronto habrá un encuentro entre ambos que podría concluir en algún avance significativo. Dios me oiga.

Una parte, no sé si pequeña, de lo que he definido como el gran problema es que el inquilino de La Moncloa se muestra encantado de lo bien que van las cosas, y datos como el de la bajada del paro en marzo le incitan a seguir levitando. ¿Para qué cambiar si todo va bien? Pues porque puede, señor presidente, que no todo vaya tan bien: asómese al sentir del ciudadano medio. Y, sobre todo, señor presidente, porque puede que algunas enfermedades políticas, si no se tratan, deriven en algo peor. Quizá mucho peor. Es precisamente en los cuartos de hora de dulzura cuando hay que tomar las grandes decisiones para cuando lleguen las vacas flacas. O los toros que embisten.

OTR Press

Victoria Lafora

Primer acto de campaña

por Victoria Lafora

Fernando Jáuregui

Hay que repartir nuevas cartas

por Fernando Jáuregui

Antonio Casado

Huellas de la 'Diada'

por Antonio Casado

Fermín Bocos

La situación en el PP

por Fermín Bocos