Fernando Jáuregui.- No te va a gustar.- El ministro de Deportes sale a ganar.

Actualizado 03/06/2009 14:00:54 CET

MADRID, 3 Jun. (OTR/PRESS) -

Definitivamente, Zapatero se apunta a todo: a sortear las vallas del G-20, a meterle un gol al paro, a ganar la Liga para el equipo de sus amores, a conseguir luego la Champions, a traerse las olimpiadas para Madrid'16, a vencer en las elecciones europeas... En fin, le vimos hace pocos días en un reportaje casi promocional, preelectoral, en la portada de un periódico, corriendo por los jardines de La Moncloa, con un curioso chándal, gafas deportivas de sol y una camiseta en la que solamente faltaba el número de participante en un maratón. Sin complejos.

Ese, así, es nuestro ministro de Deportes, en el que, circunstancialmente, recae la condición de presidente del Gobierno: va a por todas, como un Florentino Pérez de la política. Sus improvisaciones resultan a veces iniciativas luminosas: había prometido, en un momento de aprieto, crear un Ministerio de Deportes, y, en un rapto, decidió que, si el mejor alcalde es el Rey, el mejor ministro de la cosa es el presidente; así, además, se ahorraba crear un Departamento nuevo, con lo caros que se han puesto los ministerios.

Sabe que el momento del deporte español es bueno, aunque no pueda decirse lo mismo de la coyuntura económica, ni de la social. Todo lo que vaya asociado a prácticas deportivas es favorablemente acogido por el público, y una foto con Pau Gasol vale más que una con Sarkozy, y casi tanto como una con Obama. Y ahí está él, el entrenador Zapatero, una especie de Pep Guardiola travestido coyunturalmente en político. Jekyll en lo deportivo, Hyde -algunos así lo consideran_ en la faceta política.

Lo que sí resulta indudable es el talento que adorna a nuestro ministro/presidente a la hora de organizar sus propias relaciones públicas. Se dota a sí mismo con la imagen más positiva: la del ganador. Y, de paso, desliza sutilmente en la conciencia de la veleidosa opinión pública la idea de que el rival es un perdedor nato. En estos juegos políticos, que no son precisamente olímpicos, sí que hay que darle a Zapatero la medalla de oro.

Y conste que no lo digo en un tono exclusivamente peyorativo: yo creo que la política incorpora algo de competición, que hay que intentar subir a lo más alto del podio, lo que supone, desde luego, ascender más que el número dos y mucho más que el número tres. Lo que pasa es que en estas carreras participan también, y no solamente como público en los mítines, los electores. Con su voto, no siempre, ay, predecible.

Y aquí, en las competiciones electorales, no depende todo de los fuegos de artificio, de tener buenas piernas para correr ni de olvidar aquella frase con la que se saludaba al auriga vencedor: "acuérdate de que eres mortal". A veces da la sensación de que ZP se siente incluido en la reducida nómina de inmortales. Pero hasta Rafa Nadal -recuerda, presidente-- es capaz de perder en alguna ocasión, y eso que él no tiene que pasar por el pelotón de fusilamiento de las urnas...

OTR Press

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