Publicado 24/01/2021 08:00CET

Fernando Jáuregui.- Pero ¿qué ha sido del PSOE, Pedro Sánchez?

MADRID, 24 Ene. (OTR/PRESS) -

Sacaba pecho orgulloso Pedro Sánchez en el comité federal del PSOE celebrado en Barcelona este sábado recordando que el partido fundado por Pablo Iglesias (Posse, naturalmente) está a punto de cumplir ciento cuarenta y dos años de vida. El partido, de lejos, más antiguo de España, aliado hoy con la formación más nueva, Unidas Podemos, en extraña coyunda que, me consta, muchos militantes socialistas de la vieja era ni comprenden ni aceptan fácilmente. Lo que ocurre es que el PSOE, aquel PSOE que conocíamos y ocasionalmente votábamos, ya no existe más allá de algunos militantes nostálgicos que no entienden gran cosa de hacia dónde va el partido que gobierna (CO-gobierna) en España y que lleva las mismas siglas.

¿Qué ha sido del PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra, de Ramón Rubial y Nicolás Redondo? Es difícilmente reconocible en esta formación adicta a la imagen y el marketing político: puede que el próximo congreso marcado para octubre, el número cuarenta, marque el fin definitivo del partido de Iglesias (Posse, por supuesto) y el nacimiento de algún otro tipo de formación, anclada en otras 'modernidades'. A saber si ello será bueno o malo. Aquel Partido Socialista Obrero Español rebrotado en Suresnes (1974), el amparado por Mitterrand, Olof Palme o Willy Brandt, no tendría sentido en estas circunstancias históricas. Aquella Internacional Socialdemócrata prácticamente no existe como tal, ni el propio concepto 'socialismo' es el mismo de entonces: todo ha cambiado. "La realidad de hoy no se corresponde con las ideas de nuestros fundadores", dijo Sánchez, quizá como pretexto.

Pero lo cierto es que, en su discurso ante la militancia reunida en el máximo órgano decisorio entre congresos, Sánchez no quiso ver ninguna de las certezas morales que alumbraron la lucha de Pablo Iglesias (Posse, ya digo), ni se detuvo un segundo en los tropiezos que, para el avance de una idea netamente socialdemócrata, suponen las zancadillas del 'enreda' Pablo Iglesias (Turrión, desde luego). Hoy, el PSOE vive manejado por gentes que habla vagamente de una idea de izquierda sin tener muy claro ni dónde están los límites éticos y estéticos (por ejemplo, la veracidad y la transparencia) y sin siquiera deslindar demasiado las ideologías: la imagen, la apariencia, la táctica y las estrategias lo son casi todo.

Me parece que el debate sobre qué es y a dónde va el principal partido de España, el que más años ha gobernado desde la restauración de la democracia, es mucho más importante que el que Salvador Illa, ahora encabezando la candidatura del PSC, gane o no las elecciones. Y mira que es importante, en mi opinión, que las gane para construir un muro a los ímpetus independentistas, más allá de otras consideraciones que nos merezca la figura del increíblemente aún ministro de Sanidad.

Lo mismo cabe decir, en otro ámbito, de Pedro Sánchez. Hoy es el único valladar que sostiene la actual forma del Estado y los principios básicos de la Constitución, nos guste más o menos su escurridizo y opaco caminar por la política. Este sábado, en un discurso mezcla de oportunismo coyuntural e intento de construir una plataforma ideológica de izquierda 'posible' (mirando, claro, a su compañero de cama en la coalición), Sánchez pensaba más en Pablo Iglesias (Turrión, obvio), que sin duda no le deja dormir, que en Pablo Iglesias (Posse), demasiado alejado, 142 años ya, en el tiempo. Aunque de Iglesias (Turrión) no se habló casi nada, claro. En el PSOE, incluso en 'este' PSOE, se le mira de reojo, con desconfianza total.

Hay que resolver, sin duda, esa contradicción: nunca al PSOE le ha ido bien cuando se hermanó con formaciones a su izquierda. Y menos aún cuando se acercó a partidos que no solo alentaban otras formas de Estado, sino una ruptura del Estado mismo. Y no, no es ese el caso de Portugal, este domingo de elecciones presidenciales, donde el socialista Costa gobierna apoyado por fuerzas a su izquierda, sí, pero que tienen hechuras y ambiciones muy distintas a las de los partidos 'patrios' (vamos a llamarles así) a los que me estoy refiriendo.

Eso es lo que, a mi entender, sobrevolaba en la reunión del comité federal socialista en unos tiempos que esperemos que sean irrepetibles. ¿Será capaz Sánchez de ahormar un partido con tintes socialdemócratas, realistas, capaz de pactar transversalmente y no solo con quienes menos le interesa pactar? Es la pregunta que sin duda mucha gente, que, a la vista de lo que está ocurriendo, ya no sabe si es de izquierdas o qué, se está haciendo. Quo vadis, Sánchez?

OTR Press

Fermín Bocos

Una impostura

por Fermín Bocos

Antonio Casado

Fariseismo

por Antonio Casado

Luis Del Val

Asalto telefónico

por Luis Del Val