Fernando Jáuregui.- Siete días trepidantes.- Mal empezamos

Actualizado 11/01/2009 1:00:27 CET

MADRID, 11 Ene. (OTR/PRESS) -

Año de nieves...- "Una España que funcione". Tal fue el eslogan que un partido utilizó hace algunos años para una campaña electoral. La impresión en las últimas horas ha sido la de que hay cosas, muchas cosas, que en España no acaban de funcionar demasiado bien, desde los quitanieves hasta los teléfonos de información, desde ciertos servicios de Fomento hasta otros de la Comunidad o el Ayuntamiento de Madrid. El espectáculo del peloteo de culpas ante el caos originado por la mayor nevada registrada en muchas décadas ha confirmado esa idea: el eslogan sigue siendo un deseo, no un objetivo cumplido. En España las cosas funcionarán sólo regular mientras persista la actual disparidad normativa entre las comunidades autónomas, mientras los responsables autonómicos y el Gobierno central no lleguen a acuerdos realistas y solidarios en este y otros terrenos, como el de la financiación. Y, por supuesto, mientras los partidos políticos no entiendan que sus diferencias no pueden abarcar a la eficacia que los ciudadanos esperan de ellos.

Dijo la vicepresidenta, recién llegada de la India, con cierta dosis de humor negro, y en medio del caos del viernes, que "año de nieves, año de bienes". Eso, señora Fernández de la Vega, habrá que verlo.

...Año de ¿males?.- Porque el año 2009 no puede haberse iniciado peor para un amplio colectivo de españoles, que han perdido su empleo (un millón en 2008) o están a punto de ingresar en esa pavorosa nómina que, a razón de ciento cuarenta mil al mes, incrementa el número de parados a un ritmo preocupantemente vertiginoso. Se destruye actividad industrial, comercial y de servicios, en general. Y lo peor para el Gobierno es que constate que sus mensajes están perdiendo credibilidad: ni siquiera en los eslóganes paraoficiales se respetan ya las previsiones que lanzan, por ejemplo, el presidente Zapatero o el vicepresidente Solbes.

Y desde el propio Ejecutivo se emiten estimaciones muy dispares: la última, por ejemplo, acerca del número de hijos y nietos de españoles en el exilio que regresarán al amparo de la Ley de Memoria Histórica. Primero fueron unas decenas de miles, luego medio millón y ahora ya vamos por el millón y medio. ¿Funcionan los servicios encargados de cuantificar algo tan importante? Porque cierto es que otras informaciones no oficiales cifran en "tres o hasta cerca de cuatro millones" el número final de quienes podrían optar por venir a España desde toda América Latina.

Un embajador mediático.- Y mal ha comenzado también el año desde una perspectiva internacional. El embajador israelí en España, Rápael Schutz, está hasta en la sopa, y periódicos, radios y televisiones se disputan su presencia para que ofrezca su versión de lo que está ocurriendo en Gaza. Pero el señor embajador, que es un personaje frío y coriáceo, insiste en que "un segmento de los medios españoles refleja un odio ciego hacia Israel". Y luego, el raca-raca digno de Ibarretxe: que si Hamas (que, sin duda, es una organización terrorista) utiliza los cadáveres de los niños como propaganda, que si ellos rompieron la tregua primero...

Es curioso ver cómo, contra toda lógica, la derecha sociológica española se alinea con las tesis de Israel, y la izquierda, con las palestinas; pero no es el caso de los políticos, que mantienen una cierta ambigüedad y muchísima prudencia. Sobre todo, Mariano Rajoy, porque a Zapatero se le ve un indudable sesgo indignado con los excesos ordenados desde Tel Aviv. Por cierto, ahora que hablamos de funcionamientos, marcha mucho mejor el aparato de propaganda israelí -que ha ordenado un impresionante apagón informativo- que el bastante torpón de la dividida parte palestina.

Desde luego, muchas cosas habrán de cambiar para que este sea, de acuerdo con la visión optimista de la señora Fernández de la Vega, un "año de bienes". Por lo pronto, temo que, entre unos y otros, se nos va a helar el corazón de un momento a otro.

Fernando Jáuregui.

OTR Press

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