MADRID 14 Nov. (OTR/PRESS) -
Las apuestas corren por el secarral político, los cenáculos y mentideros mediáticos y hasta en las cenas de amigos de los sábados: ¿culpable? ¿inocente? Lo que se dirime no es solamente la cuestión (menor dentro de la gravedad, qué quiere que le diga) de si el fiscal filtró personalmente o no datos fiscales del novio de la presidenta de la Comunidad de Madrid. Lo que me parece que ha quedado visto para sentencia es toda una era y una manera. Una era política y una manera de hacerla. Yo creo que, en este último terreno, hay bastantes culpables; no sé si una sentencia, condenatoria o absolutoria, bastaría para arreglar las cañerías de la democracia, que, a fuerza de contemplar cosas inéditas, que jamás habían ocurrido antes, se nos van quedando oxidadas.
Escucho muchos rumores: los que piensan que las dos magistradas progresistas se quedarán solas frente a sus otros cinco compañeros, partidarios, se asegura, de declarar la culpabilidad. O los que creen que las 'condenas indiciarias' no deben caber en nuestra praxis jurídica, necesitada de pruebas más contundentes de las que se manejan. O los que dicen que la instrucción fue mala y el juicio cuando menos peculiar. No sé: me parece que este 'juicio del lustro' (el de la década fue el del 'procés', en 2019, y que aún colea) concluirá con una suerte de empate. Un 'empate', llamémoslo así, traducido en algún tipo de condena verbal y, al tiempo, absolución ante penas carcelarias; pero esto, entiéndaseme, no deja de ser una apuesta personal, más o menos informada, tras hablar con mucha gente que dice saber y tal vez, admitámoslo, sepa menos de lo que dice.
A mí, más que el futuro procesal del señor García Ortiz, que, desde luego, ya ha tenido sobradamente su 'condena de telediario', me interesa el efecto moral de la sentencia. Porque en este juicio se incluían también muchos elementos que están pesando sobre el normal funcionamiento de nuestra sociedad y, desde luego, de nuestra política: los enfrentamientos entre jueces y fiscales, entre el Supremo y el Constitucional, entre el Ejecutivo y los medios (algunos medios y el papel que éstos juegan hoy como algo más que narradores de la actualidad), el papel de los investigadores de la UCO y de la propia Unidad investigadora de la Guardia Civil...
Es decir, hay instituciones clave para el sostenimiento de una democracia sana demasiado involucradas en este juicio y, claro, en esta sentencia. Todos estamos involucrados en ella, porque también se refiere a los derechos de los individuos, incluyendo quienes negocian sus delitos con las instancias correspondientes, frente a esas instituciones, frente al Estado. Y puede que el veredicto final que nos caiga a los ciudadanos al final de estos tiempos de convulsión máxima sea eso: ni lo uno, ni lo otro. O sea, condenados a seguir así, con más de lo mismo. Quién sabe si, aunque me parece improbable, incluso con el mismo fiscal general del Estado.