Publicado 23/04/2026 08:01

Francisco Muro de Iscar.- Un año de Francisco a León

MADRID 23 Abr. (OTR/PRESS) -

Hace un año fallecía el Papa Francisco y unas semanas más tarde León XIV le sucedía en el pontificado. Francisco fue un Papa diferente, cercano, de alguna manera revolucionario, sobre todo en las formas, con una mirada nueva de concebir y conducir la Iglesia, con una opción preferencial por los pobres y por las periferias, por la fraternidad.

Quizás lo más diferencial fue no sólo que rompió los protocolos sino que abrió las puertas de la Iglesia hacia adentro y hacia afuera. Hacia adentro para que entraran "todos, todos, todos" porque la iglesia es madre, acoge y no excluye. Hacia afuera porque la Iglesia no podía seguir encerrada en sí misma, mirándose el ombligo y tenía que convertirse en "una Iglesia en salida" para buscar a todos los que se habían marchado -¿dónde están los que estuvieron pero ya no están, dónde los que buscan una respuesta a los problemas esenciales no resueltos, los que demandan acogida, comprensión, abrazos?- y para atraer a los que sienten la necesidad de la trascendencia en un mundo cada vez más intrascendente.

Estos últimos son cada vez más. Francisco habló de un Dios próximo, cercano al hombre, preocupado por el hombre, por sus problemas reales. Por eso llegó a muchos cristianos y muchos que no lo son. Criticó tantas conductas farisaicas, por eso molestó a muchos cristianos que se consideran guardianes de la fe pero que sólo lo son de palabra. Trajo a Jesús al mundo de hoy seguramente porque pensaba que Jesús estaba ausente porque hablamos poco de él. Habló de la Iglesia como un "hospital de campaña", una Iglesia de la misericordia y el perdón porque hay que curar demasiadas heridas en una sociedad que ha perdido el norte, una Iglesia de los pobres, los marginados, los excluidos, los perseguidos, porque ellos son el centro del mensaje de Jesús. Francisco señaló con certeza que ésta no era una época de cambio sino un cambio de época.

León XIV lo tenía difícil. Era el segundo Papa americano, pero era, es, muy diferente a Francisco, al menos en las formas. Durante meses pareció un Papa blando, débil, que seguía en lo fundamental el camino abierto por Francisco, pero con formas diferentes, con otro lenguaje. Cercano pero no tan próximo. Muchos se sorprenden ahora de su firmeza ante las acciones de Trump en Gaza, Venezuela, Irán y Líbano, país que fue objeto de uno de sus primeros viajes. Lo está repitiendo ahora en África, uno de los continentes donde se libran guerras salvajes y devastadoras, sin que la comunidad internacional reaccione. El dolor causado por la guerra, ha dicho, "es un escándalo para toda la familia humana y un grito a Dios".

Trump se ha enfrentado abiertamente con él, pero León no ha bajado la voz ni la denuncia contra esta cultura de guerra y de muerte donde sólo priman los intereses de unos pocos frente al bien común. "Basta ya de la idolatría de uno mismo y del dinero, basta ya de la exhibición de la fuerza, basta ya de la guerra. La verdadera fuerza se manifiesta en el servicio a la vida", ha dicho León XIV. Este Papa ha condenado también "el abismo entre ricos y pobre" como uno de los males de nuestra sociedad actual. Es muy diferente de Francisco en las formas, pero el mensaje es el mismo, la firmeza tal vez mayor.. Algunos lo han descubierto ahora. Si se hubieran tomado la molestia de escuchar su discurso al cuerpo diplomático en Roma el 9 de enero habrían visto que todo estaba ahí, en la raíz de su pensamiento. Todo un programa para un pontificado que tiene en la libertad, la lucha contra la desigualdad y la búsqueda de la paz, desarmada y desarmante, y la concordia sus principales objetivos. "A pesar de la trágica situación que tenemos ante nuestros ojos, dijo entonces, la paz sigue siendo un bien difícil pero posible".

Cuando el mundo es consciente de la carencia de líderes y dirigentes con un mínimo sentido moral y ético de la vida, cuando percibimos incluso la existencia de líderes inmorales que pervierten el lenguaje, que mienten y que disfrazan sus intereses, que destruyen en lugar de construir, la voz de alguien como León XIV que nos coloca en el camino de la paz, la justicia y la verdad se hace imprescindible. Tal vez León XIV es hoy, como antes lo fue Francisco, el único líder moral global capaz de contrarrestar la inmoralidad creciente, la ausencia de valores éticos y la destrucción de la dignidad humana. Sólo siguen el mensaje del Evangelio.

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