MADRID 6 Feb. (OTR/PRESS) -
Se han cumplido los peores pronósticos, y se han cumplido mucho antes de lo previsto. En medios socialistas se ha escuchado el "ya lo habíamos dicho, ya habíamos advertido que en febrero o en marzo, antes de las elecciones, llegarían muy malos datos sobre la marcha de la economía, y que podrían incidir negativamente en los resultados de las elecciones del 9-M. Son quienes recomendaron que las elecciones debieran llevarse a cabo en los meses finales de 2007, cuando todavía no había otra cosa que datos felices, en crecimiento del número de nuevos empleos, en crecimiento del producto interior bruto... Tan sólo la inflación era francamente mala. Pero ahora, la desaceleración se comprueba en la cifra más dramática de las posibles, la del paro, y lo hace en dimensiones sumamente preocupantes: 132.378. E incluso en algunos medios se advierte o amenaza con que "lo peor está todavía por llegar"... Zaplana señala que las cosas no le podían ir peor al Partido Socialista, como, por lo demás, era previsible: "se confirma todo lo que ha dicho el PP y por lo que hemos sido descalificados durante los cuatro años. Todo lo que decíamos tenía una base, y las cosas están yendo peor que nunca en España. Los datos del paro son los peores de la historia".
Naturalmente, la campaña electoral ha girado de inmediato para prestar atención a esta novísima preocupación nacional, que "ya se veía venir", según señalan los observadores de las tendencias. La primera formación de la oposición, en particular, está arremetiendo de forma colosal. Ha encontrado "carne" y no es improbable que la suelte pronto. Ya se sabe que los asuntos de la campaña son efímeros en tiempo, y basta con recordar "el papel" y los mítines que han merecido el Caso Gallardón, el Caso Pizarro, las propuestas fiscales de los tres tamos de Rajoy y de los 400 euros de Zapatero, la intervención episcopal... Posiblemente ninguna otra materia reclamará tantas atenciones. Y sobre todo, tantas reclamaciones de medidas urgentes. El ministro Caldera ya anunciaba ayer, tras dar a conocer los pésimos datos del paro de enero, una convocatoria de los representantes de fuerzas sindicales y patronales. Caldera ha anunciado un plan especial para parados de la construcción, aunque la sangría de la construcción se ha contagiado también a los servicios. De momento, la mayor preocupación se centra en el colectivo de inmigrantes, que son los primeros afectados. Estiman fuentes sindicales que aún pueden ser del orden de un millón los inmigrantes que están "en la sombra", en la economía sumergida. Son trabajadores, por consiguiente, que no tienen derechos y que no será fácil que tengan opciones a una prestación o una cobertura social, y que tampoco podrán contar con las ayudas de sus propias familias. ¿Qué pueden acordar las fuerzas sociales en esta coyuntura? Habremos de comprobarlo en poco tiempo. Se teme, en efecto, que la cifra de parados de febrero podría empeorar la horrenda de enero...
José Cavero.