MADRID 2 Nov. (OTR/PRESS) -
Como hace poco dijera el obispo de San Sebastián, ahora es el lendakari vasco, Juan José Ibarretxe, quien proclama que "el proceso de paz no tiene marcha atrás". Dice también el lendakari que Batasuna es un agente político necesario para la normalización. O sea, pieza clave para que el proceso avance, dé nuevos pasos y se consolide y normalice la nueva situación. Cabe suponer que cuando el proceso concluya, o incluso antes de que dé sus pasos finales, Batasuna será la fuerza en la que se defenderán, políticamente, los planteamientos que ETA y la propia Batasuna han venido manteniendo en los últimos cuarenta años, pero ya sin violencia de ninguna clase, y desde las instituciones -ayuntamientos, Parlamento autónomo, Parlamento español- en las que participen...
Hay, incluso, otra afirmación a tener en cuenta acerca de esa futura legalización de Batasuna: lo que proclama el presidente del Tribunal Supremo, Francisco José Hernando: que no será perseguida si vuelve a legalizarse. Respondía, de este modo, a algunos miedos expresados recientemente por la fuerza abertzale y sus dirigentes, temerosos de que una nueva vuelta a la legalidad los pudiera conducir, una vez más, ante los jueces. Hernando ha sido preciso: Si Batasuna, la nueva y futura Batasuna, cumple la Ley de Partidos y condena expresamente la violencia, dejará de ser perseguida por la Justicia.
Es sabido que Batasuna viene denunciando una continua persecución de los tribunales, de la que es la más reciente demostración la verificación de documentos de las herriko tabernas, una de las múltiples siglas del entramado etarra-Batasuna, financiadora de todo ese conglomerado. Precisamente, esa preocupación por su propia persecución por los tribunales ha sido puesta como excusa por portavoces batasunos como una de las eventuales causas de que desde la banda se procedieran al robo de 350 pistolas y su correspondiente munición, en una armería francesa, en Nimes.
Esos son los requisitos para que Batasuna vuelva a ser fuerza legal, en condiciones de competir con PNV, PSE, EA o PP, y a presentar candidatos a los ayuntamientos vascos, en las elecciones del año que viene. No hay duda de que la inmediatez de la campaña electoral de los comicios locales deberá forzar a Batasuna a que queme sus últimos cartuchos en esta situación actual de alegalidad, en la que ahora mismo se encuentra, y de la que parece disfrutar: puede reclamar cuanto se le antoje desde una clara impunidad y sin cumplir el requisito que más expectación reclama: ¿cómo dirán Otegi y los suyos que prescinden y condenan cualquier utilización de la violencia en la política?
Hasta ahora, Otegi sólo tuvo una mínima aproximación al reconocer que los crímenes de la banda ETA, sin duda, llegaron a causar mucho dolor indiscriminado en muchísimas personas.
José Cavero