José Cavero.- San Gil se va

Actualizado 23/05/2008 2:00:23 CET
Actualizado 23/05/2008 2:00:23 CET

José Cavero.- San Gil se va

MADRID, 23 May. (OTR/PRESS) -

Al PP le ha surgido un caso similar al que en su momento planteó Rosa Díez al PSOE: Definitivamente, no resulta fácil ejercer la política, y mucho menos las responsabilidades, en Euskadi, sin contra de la dirección del propio partido. Rosa Díez no pudo soportar que su partido llegara a negociar con la banda terrorista ETA su "final dialogado", y después de haber sido candidata y cabeza de fila de las elecciones al parlamento europeo, decidió tirar la toalla socialista y presentar su propia lista hasta admitir su propio escaño en el Congreso. María San Gil también había llegado a tener todas las complacencias de sus compañeros de partido, y merecía todos sus respetos y amabilidades. María era mucho más que una correligionaria. Era la valiente testimonio del asesinato de Gregorio Ordóñez y la figura que, progresivamente, había sucedido al dirigente asesinado. Por si fuera poco, su reciente cáncer afianzó la simpatía que merecía. Pero tampoco pudo soportar que su partido llegara a plantearse la eventualidad de romper su oposición a ultranza a poderse entender alguna vez, en alguna materia, con los nacionalistas vascos. Por ahí no podía pasar, y no pasó..., por más que José María Lasalle y Mariano Rajoy le dieran garantías de que tal eventualidad sólo ella la iba a gestionar, llegado el caso... Pero, definitivamente, San Gil había roto la conexión de confianza con su máximo dirigente, al igual que a Rosa Díez le pasó con la dirección socialista. Indudable complicación especial parecen tener los dirigentes vascos de cualquier partido al ejercer sus cargos...

Sin duda, a Rajoy el problema le complica una situación ya de por sí difícil, en este momento en el que hubiera deseado mucha mayor cohesión entre los dirigentes regionales y locales y no deserciones de esta naturaleza y con el ruido mediático que ahora ha comprobado. Rajoy, por lo demás, no parece que haya podido ir más lejos en sus concesiones y amabilidades, consciente de que su popularidad puede padecer aún más por cualquier gesto indelicado o inoportuno. Pero María San Gil ha sido intransigente y no ha querido dar marcha atrás, desde su primer anuncio, de que se había roto su confianza en el líder máximo: no quiso escuchar más razones y ha comunicado a Rajoy que no quiere sumarse al nuevo rumbo y que abandona sus cargos y hasta la vida política. Por ambas partes hay críticas no públicas: mientras en el entorno del presidente se insiste en que se hizo todo lo posible por dar satisfacción a San Gil, entre los círculos de confianza de ella se insiste en que Rajoy no se esforzó lo suficiente. Fraga, que está extraordinariamente activo en los últimos días en defensa de las posiciones de Rajoy y contra sus críticos, ha señalado que la ponencia política finalmente dice todo lo que María San Gil quiso que dijera. Y así como quitó la razón a San Gil, Fraga ha vuelto a descalificar a "la mala" Aguirre, de quien dijo que ha hecho demasiadas gestiones para estar ella presente y que no estén otros, en clara referencia a los vetos de la presidenta de la Comunidad a cualquier ascenso de Gallardón en el Partido.

Mientras tanto, Rajoy resiste. Ya queda menos de un mes para el Congreso, y ahora queda por ver si el congreso de Valencia no se cierra en falso y resuelve los debates pendientes sobre liderazgo, equipo de gobierno, programa y estrategia.

José Cavero.

OTR Press

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