MADRID 28 Abr. (OTR/PRESS) -
No sólo es acusada la tendencia del presidente Zapatero a debatir, en vez de gestionar y gobernar. La influencia de la sociedad mediática -y mediatizada- es tal que el PP también avanza hacia un modelo de partido de opinión. Lejos de interiorizar su verdadero problema, que se llama Cataluña, donde es un partido marginal, los populares prefieren buscar remedios en las diferencias personales entre algunos de sus líderes y en un supuesto debate ideológico de primero de facultad sobre el liberalismo, la socialdemocracia y el conservadurismo.
Si el PP no fuese marginal en Cataluña y no fuese un partido aislado en Euskadi, estaría gobernando en España, ya que su debilidad andaluza es cada vez menor y, en todo caso, la compensa en comunidades como la valenciana o la madrileña. Para ello necesita hacer dos cosas que, sin embargo, no están en su agenda: entender y respetar las realidades políticas de Cataluña y el País Vasco, de modo que sus ciudadanos no cierren filas votando al PSOE aun no siendo socialistas.
Claro que el PP puede seguir siendo un partido de opinión, capaz de mantener un alto nivel de influencia en la sociedad española, en defensa de sus valores más tradicionales. Pero si no hace nada más, seguirá siendo eso: un gran partido de opinión, aunque no de gobierno. A los duros del PP está visto que les gusta esto de dar caña a la izquierda y al nacionalismo periférico, un objetivo más que cumplido. Ahora bien, por ese camino que lleva a la Faes, jamás gobernarán en España. Ni siquiera en su antiguo feudo gallego, donde ahora que no tienen el plus de Fraga necesitan tender la mano a los nacionalistas si quieren ser algo más que un gran partido de opinión.
José Luis Gómez.