MADRID 7 Abr. (OTR/PRESS) -
De cada 100 millones que salen de las arcas del Estado (proveniente de los bolsillos de los contribuyentes españoles) a cada ciudadano vasco y catalán le corresponden unos 6 euros con 50 céntimos, mientras al resto de los ciudadanos, sean canarios, gallegos, extremeños o castellanos, no les llega ni siquiera a un euro por persona, sino algo así como 90 céntimos de euro. La desproporción es asombrosa: los gobiernos separatistas manejan un 600% más de dinero que el resto de los gobiernos autonómicos.
Es cierto que tanto el País Vasco como Cataluña aportan bastante dinero en impuestos, pero no en la escandalosa proporción de lo que reciben. Aparte de que, si este fuera el criterio, lo que pagan en los barrios ricos, que es más que en los barrios humildes, se lo deberían quedar los ricos, con lo que cada vez esos sectores serían más suntuosos y el resto más miserables.
Además, en la colonización gubernamental de las grandes empresas públicas -fuente de notable influencia- ya es una norma que, cuando hay que nombrar a dos nuevos miembros de cualquier consejo de administración, uno proceda del separatismo vasco y, el otro, del catalán. Como decía Eloy Arenas, en una obra de teatro: "El dinero hay que dárselo a los ricos, porque los pobres se lo gastan en cualquier cosa". No existe ningún país de la Unión Europea, por muy federal que sea su Administración, donde se produzca una injusticia tan evidente y ofensiva, y un desprecio tan claro al 80% de sus habitantes. Porque de cada diez españoles, dos de ellos, si viven en Cataluña o en País Vasco, recibirán más de seis veces, en inversiones y servicios, que los ocho restantes.
Que esta flagrante discriminación se produzca sobre casi 40 millones de personas, que saben leer y escribir, y que -al menos teóricamente- sean seres humanos inteligentes- es bastante incomprensible. Es más comprensible la llegada a esta indignidad, porque es debida al chantaje continuado de los partidos políticos separatistas, tanto con los gobiernos conservadores, como con los socialistas, o socio-comnunistas, como es el caso actual. Y si usted, en el trabajo, observara que, en su mismo puesto, hay una persona que cobra seis veces más de sueldo que usted, no por ser más inteligente, sino por el lugar en el que tiene su domicilio, y no protestara, sería por una sumisión y estupidez difícil de comprender. Bueno, pues a lo mejor es que 40 millones de españoles resulta que somos estúpidos y sumisos, porque la extorsión separatista funciona de manera muy eficaz.