Luis del Val.- Profesiones nuevas

Publicado 08/02/2019 8:01:11CET

MADRID, 8 Feb. (OTR/PRESS) -

Convendría crear una Facultad de Ciencias del Relator, porque se presume una gran demanda. Seguro que las universidades privadas -más ligeras y avispadas- ya están configurando los cuatro cursos necesarios para proporcionar la licenciatura y, a no tardar, tendremos un Colegio Oficial de Relatores en cada provincia, excepto en Cataluña, que se denominarán de otra manera para demostrar su singularidad.

La sociedad se ha dado cuenta, gracias al impulso de este Gobierno providencial, de que no se puede dar un paso sin un relator de provecho, que esté presente, medie, tome nota, convoque y presida. Muy pronto los divorcios, las Opas, las fusiones, incluso los matrimonios antes de celebrarse, contarán con un relator. Dentro de muy pocos años, observaremos con asombro cómo nuestra civilización ha podido desarrollarse con la incomprensible ausencia de relatores en los ámbitos civiles, políticos, industriales, económicos, militares, incluyendo el cambio climático. El día de mañana, es decir, el sábado, no concebiremos que un alumno reclame ante el profesor una mejora de nota sin la presencia de un relator, por no hablar de la salvaje costumbre de adquirir un piso, un reloj de pulsera, un automóvil, o un par de zapatos, sin el relator correspondiente.

No hay que perder tiempo. Tenemos la oportunidad de ser el primer país de la Unión Europea en la demanda y oferta de relatores, que lo serán en dos o tres idiomas, demostrando nuestro afán de exportar talento, sea en el campo tradicional de la Medicina, o en el más delicado y moderno de los relatores.

La mayoría de las grandes transformaciones sociales y tecnológicas parten de una casualidad. Si Arquímedes no hubiera comprobado cómo se desbordaba su bañera, no habría hoy cruceros con las bebidas y el pasaje de los niños gratis. Si un preso aburrido, hace muchos años, no se hubiera hecho un tatuaje, hoy no tendríamos una floreciente industria del tatoo. Pedro Sánchez puede pasar a la Historia como el gran impulsor de una nueva profesión, que transformará nuestras relaciones, gracias al relator.