Publicado 14/04/2026 08:02

Luis del Val.- Las rodillas de los dioses son los votantes

MADRID 14 Abr. (OTR/PRESS) - Decían los griegos que el destino duerme en las rodillas de los dioses. Ayer me acordé de esa frase, que me viene recordando el cerebro con mucha frecuencia, desde que Pedro Sánchez se convirtió, al poco, en Pedro I, El Mentiroso; un clásico fanfarrón de taberna, millonario, Donald Trump, se transformó en presidente de Estados Unidos, y un sospechoso psicópata ejerció como tal invadiendo Ucrania.

A los mentirosos sin poder se les aguanta con cierta dosis de paciencia, incluso algo de comprensión, porque todos hemos mentido en alguna ocasión, y no siempre por cortesía. Sin embargo, cuando el mentiroso llega a presidir el Gobierno del país en el que vives y, encima, muestra un egoísmo y soberbia como arquetipo de narcisista, te sientes derrotado, porque no posees ningún recurso para sufrir sus falsedades.

A los fanfarrones de taberna les observo con curiosidad, y hasta me divierten. Siempre pescan el pez más gordo, cazan el venado más listo, y se llevan a una alcoba a la mujer más bella del barrio. Con un poco de ironía hasta puedes divertirte, porque la ironía suelen creer que es un ácido para curar las arrugas, y no le dan importancia. Los psicópatas son peores, porque pueden matar a un niño, siendo un vecino de apariencia normal, o pueden secuestrar miles de niños, tras invadir Ucrania, y llevarlos con desconocidas familias rusas, una monstruosidad que los del "No a la guerra" parece que desconocen.

Todas estas plagas unipersonales han llegado porque los votantes así lo han querido. Los dioses estarán muy nerviosos, y moverán las rodilla con brusquedad, pero los que han llevado al poder a fanfarrones, mentirosos y psicópatas, han sido ciudadanos libres con su voto. Estaba a punto de caer en el pesimismo, y recordar a Borges, que decía que "La Democracia es una exageración de la Estadística", cuando llegaron las elecciones en Hungría, y un autoritario encaminado hacia dictador, ha sido desalojado del poder, porque los votantes así lo decidieron.

El aspirante a dictador, además, espiaba a la Unión Europea a la que aborrecía, y era amigo de Donald Trump, el fanfarrón, y también del psicópata, Putin. Gracias a esas rodillas convulsas me he librado de caer en el anarquismo o en la misantropía. Me consta que es posible que, dentro de unas semanas, la decepción que me produzca el nuevo mandatario húngaro, me devuelva a la casilla de salida. Pero, de momento, me he borrado de la lista de los D.A. (Decepcionados Absolutos).

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