Publicado 04/11/2020 08:00CET

Pedro Calvo Hernando.- La pandemia, cada día peor

MADRID, 4 Nov. (OTR/PRESS) -

Ni siquiera las elecciones norteamericanas han sido suficiente motivo para alejar el tema de la pandemia de nuestra perspectiva vital, como era de esperar. Y enseguida el drama universal ha confirmado su preponderancia en el escenario de la actualidad mundial, pese a que muchos hubiéramos apostado por lo contrario. Lo que sí podría suceder es una posterior interferencia protagónica de las elecciones USA en el protagonismo mundial, pero eso ya lo veremos pronto. Sobre todo si el drama crece todavía más. Enseguida saldremos de dudas casi con toda seguridad. Mientras tanto, el invierno se acerca, las Navidades también y pronto el año nuevo, lo que nos colocará a las puertas del aniversario del comienzo.

Es obvio decir que la situación de la pandemia se agrava cada día más y que eso hace preciso que todos extrememos la atención y los cuidados, en los intentos de conseguir pronto un cambio de perspectiva que comience a devolvernos el disfrute de la vida, esa sensación que poco a poco se ha ido alejando de nuestro lado creándonos unas vivencias hasta ahora desconocidas. Y somos muchos los que soñamos con una Semana Santa vinculada ya a una realidad en transformación en posivo, circustancia que añoramos vivamente y que nos hará felices cuando llegue, que deseamos muy pronto, pero que muy pronto, en lo que seguro que todos estamos de acuerdo.

Es posible que lo más dramático de la situación actual sea la introducción de la violencia en la vida normal y diaria. Las escenas e imágenes de tal violencia se han convertido en protagonistas de nuestra vida de cada día y esa realidad es la primera que tenemos que desterrar de nuestra perspectiva existencial, sin lo cual no recuperaremos la sensación de vivir una vida normal, como creo que todos estamos ahítos de sentir y experimentar, con una sucesión de sensaciones que vivimos ahora por primera vez, sea cual sea la edad que cada uno tenga o su dedicación en su vida normal. Esta es la transformación fundamental que tiene que experimentar nuestra vida, lo miremos por donde lo miremos.

Vuelvo por un momento a la reflexión de hace unas semanas sobre la necesidad de urgir la consecución de la vacuna contra el virus. Insisto en la afirmación de que es inaguantable este paso del tiempo sin solucionar ese problema, para lo que insisto en que yo no tengo una explicación, pues me resisto a pensar lo peor, es decir, que haya intereses espúreos que impiden la aceleración del proceso de encuentro de la vacuna. Pero quiero recordar aquello de que el protagonismo de la búsqueda debería corresponder en exclusiva a la Organización Mundial de la Salud, que está para esos cometidos. Y me asombra que no se insista en ese extremo, que me parece sustancial.

Y termino con una reflexión que leo en alguna parte: que España triplica en dos meses la cifra de muertos por el coronavirus y se aproxima a los 150 diarios, siendo la situación cada día peor. Tenemos que salir de este pozo con toda urgencia: eso es una exigencia básica y fundamental y quedarnos ahí implicaría un enorme fracaso y un abandono de una obligación básica. A ver si nos dejamos de sandeces y de ocurrencias y atacamos por lo derecho los grandes males, achacables o no a los políticos de cualquier color. Esa es una exigencia de una urgencia extrema y no podemos perder un minuto en vacilar sobre su logro, se pongan como se pongan los responsables de aplicar los remedios.

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