Publicado 08/10/2026 08:01

Rafael Torres.- Empezamos mal

MADRID 8 Oct. (OTR/PRESS) - Si la cosa va de acusar al Gobierno de urdir un pucherazo electoral en comandita con Correos y con una porción de nietos sospechosos, empezamos mal. Pero, ¿qué empezamos? Se supone que una precampaña que conducirá a la campaña oficial que desemboque en las elecciones generales de noviembre, pero tal suposición se antoja quimérica toda vez que llevamos en precampaña, en campaña y aun en esas elecciones de la Señorita Pepis que son los sondeos y las encuestas una pila de años, desde el mismo instante en que la izquierda osó gobernar. No ha habido día en que la acción de gobierno, y no digamos sus inacciones, no haya recibido de la derecha ultramontana los venablos más envenenados y los dicterios más soeces, que no la crítica fundamentada y serena, de modo que aun no empezando nada, empezamos mal.

Ahora bien; podríamos no empezar nada y empezar bien éste último tramo de acoso y derribo al Gobierno, pues las vísperas electorales invitan a los partidos, cuando menos, a mostrar a los electores una cara amable, todo lo falsa que se quiera pero amable, y a prometerles toda clase de bienaventuranzas futuras. Pero no, se ve que el gusto por la bronca, el insulto, la calumnia y el escupitajo verbal se ha instalado tan poderosamente en el discurso de la derecha, que se ha apoderado enteramente de ella, hurtándole la oportunidad de parecer otra cosa distinta a la que se empeña en ser.

Así, todo vale, salvo lo que tiene algún valor. Valiosas serían las alternativas programáticas para mejorar la vida de la gente, la personal y la de relación, no sé, propuestas inteligentes, justas y afectivas sobre la vivienda, la sanidad, la educación, los salarios o la salud mental, tan deteriorada por cierto, pero ese valor lo desprecia adhiriéndose sin disimulo al rentismo parasitario y a la privatización de todo, y se abraza a lo que no vale un mojón, la insidia, el descrédito de las instituciones, el odio al adversario político y, en fin, a la excitación sin más. De éste modo, y aunque en puridad no está empezando nada, empezamos mal.

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