Rafael Torres.- Al margen.- Ricos y bandidos

Actualizado 23/02/2008 1:00:37 CET

MADRID, 23 Feb. (OTR/PRESS) -

Nueve de cada diez multimillonarios españoles eluden sus obligaciones fiscales simulando fijar su residencia y la residencia de sus fortunas en otros países, pero a ningún gobierno se le ha ocurrido todavía combatir ese fraude monstruoso y esa conducta antisocial despojándoles, por ejemplo, de la nacionalidad española, declarándoles "personas non gratas" e impidiéndoles incluso, por ello, la entrada en territorio español y, desde luego, cualquier clase de actividad económica en el mismo. ¿Muy duro? No; los duros son ellos, los defraudadores podridos de dinero, los neobandidos, los que sin aportar al común lo que deben ni contribuir al bienestar general (escuelas, carreteras, hospitales...) tienen, en muchos casos, la desfachatez de presentarse no sólo como patriotas, sino como más patriotas, más "españoles", que nadie.

Aquí, ni los gobiernos de derecha ni los de izquierda se han propuesto nunca acabar con ese latrocinio de los magnates/mangantes, pero sí, unos y otros, hostigar a los trabajadores, asalariados o autónomos, hasta exprimirles la última peseta. ¡Qué diferencia con lo que está ocurriendo en Alemania, donde la Merkel les ha declarado la guerra a los ricachos defraudadores y se ha dispuesto a perseguirlos allende las fronteras!. Refugiados en el paraíso fiscal de Liechtenstein como Alí Babá y los cuarenta ladrones en su cueva, no contaban con la resolución de un estado serio, el alemán, y del verdadero patriotismo de todos los partidos que eventualmente pueden ocuparse de su gobierno, y esa resolución, por lo demás nacida del imperativo de una ciudadanía exigente, es la que ha llevado a averiguar el "¡Ábrete, Sésamo!" de la gruta donde los bandidos ocultan su tesoro, situada en ese pequeño país enriquecido con los bienes escamoteados de ortos. Nueve de cada diez ricachos españoles manda a viajar, a esfumarse de cara a la Hacienda Pública, su dinero. Me gustaría conocer al uno de diez que no lo hace, y plantarle un beso.

Rafael Torres.

OTR Press

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