Actualizado 22/05/2008 02:00

Rafael Torres.- Al margen.- El teatro del PP

MADRID 22 May. (OTR/PRESS) -

La actual lucha por el poder en el Partido Popular está protagonizada, en el escenario, por diversos actores especializados en el género, subgénero a veces, de la política, pero es entre bastidores, a resguardo del alcance visual de los espectadores, donde esa lucha se desarrolla de veras.

Los actores creen reprocudir para el público, bien que con el narcisismo, la estilización y las mañas connaturales al oficio, los avatares de esa otra pugna sorda e invisible a la platea, pero feroz, de cuyo resultado depende, entre otras muchas cosas, su propia supervivencia en la compañía, y, desde luego, el éxito o el fracaso de sus interpretaciones, el aplauso o el pateo, la gira, el paro o la salvífica serie de televisión.

Rajoy, Aguirre, San Gil, Gallardón, Mayor Oreja... son actores que einterpretan el papel que les han escrito los intereses de todo tipo, económicos sobre todo, que aspiran a la gobernación de España, esto es, al control del Estado, tras las próximas elecciones generales. Incluso pudiera ser que, más que actores en sentido estricto, es decir, criaturas con su propia alma y su propio pensamiento que prestan su encarnadura, su gestualidad y su dicción al servicio de personajes, fueran muñecos de guiñol con una mano dentro, o marionetas accionadas por hilos disimulados en el croma oscuro del escenario. Lo que pasa es que siempre se acaban viendo los hilos, a condición, claro, de que el espectador quiera verlos.

Esos intereses, esos emporios, esos poderes fácticos que mueven los hilos son, como se ha dicho, diversos, y del mismo modo que cuando encuentran un caballo ganador, un actor en estado de gracia, se alían para apoyarle, cuando no lo encuentran, o cuando el que encontraron resulta ser un petardo, entonces cada "familia" promueve a su propio candidato, bien que convenientemente envuelto, camuflado más bien, el el blusón de la "confianza", los "principios" y las "ideas". Y eso es lo que está pasando, ni más ni menos, en el Partido Popular, donde, en efecto, se ventila una agria lucha por el poder (hoy del partido, mañana de la nación), que no es, sin embargo, la que vemos sobre el escenario. La obra se representa a oscuras, detrás. Rafael Torres.

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