MADRID 2 Nov. (OTR/PRESS) -
Tras una tormentosa instrucción del sumario, la vista oral del juicio sobre la matanza del 11-M se iniciará en breve, pero no hace falta poseer grandes dotes adivinatorias para saber ya, antes de que se inicien las sesiones ante el tribunal, que algunos intentarán nuevamente intoxicar a la opinión pública mediante la subversión de la realidad. Esos algunos, de cuyos nombres no quiero acordarme, no han asimilado aún la derrota, debida a sus funestos errores, en las elecciones que siguieron a la masacre ferroviaria, y contra toda evidencia y razón sacarán a pasear de nuevo a los fantasmas que vincularían a los terroristas islámicos con ETA, con los servicios de inteligencia y con el propio partido que ganó en buena hora, limpiamente, aquellos comicios señalados por el dolor. La mochila, la furgoneta, los hampones que proporcionaron los explosivos, el ácido bórico y cuantos elementos se han utilizado para torcer y enmascarar la realidad, que no es otra que los atentados, fueron fruto del activo e ignominioso apoyo del anterior Gobierno a la invasión de Irak, volverán a salir de nuevo arrastrando con ruido, como criaturas espectrales que son, sus cadenas.
Por lo demás, es cierto que la instrucción del sumario ha sido, bien que en parte por la magnitud, trascendencia y complejidad de los hechos, deficiente, pero también lo fue en grado sumo la política del Gobierno de Aznar, particularmente la de su ministro de Interior Acebes que no supo prever ni evitar la catástrofe, y ni uno ni otro están llamados a concurrir al juicio como imputados de nada. Ese juicio reeditará, como todos los juicios, la memoria del daño, pero habrá quien lo utilice, y ojalá me equivoque, para infligirnos a todos un poco más.
Rafael Torres