El Abanico.- La sombra de Carmen Alborch es alargada

Publicado 08/03/2019 8:00:20CET

MADRID, 8 Mar. (OTR/PRESS) -

En estos días de reivindicaciones, de lucha por la igualdad real de las mujeres, no podía faltar un homenaje a Carmen Alborch, la mujer que dio sobradas muestras de su compromiso con el feminismo, la cultura, la ética, la enseñanza y la política. Porque Carmen no fue una política al uso, ni en las formas ni en el fondo, en un trabajo que desempeñó en distintos ámbitos -en el Congreso y en el Senado-, donde llevó a cabo una intensa labor dedicada a mejorar la vida de sus conciudadanos, además de la literaria. Autora de numerosos libros sobre las mujeres, supo como pocas poner el dedo en algunos de nuestros problemas más acuciantes: la rivalidad y complicidad entre las mujeres, las libertades y los placeres de la edad. Un título que definía muy bien su estado de ánimo, cuando ya la enfermedad había hecho huella en su cuerpo.

Y qué decir de su paso por el Ministerio de Cultura, donde dejó su impronta, con un estilo que acaparó la atención de toda la prensa, no solo porque se volcó en promocionar a los diseñadores españoles: Jesús del Pozo, Francis Montesinos o Ángel Schlesser, sin olvidar la industria zapatera de su tierra, lo que no le impidió lucir en las grandes ocasiones modelos exclusivos del japonés Issey Miyaque, de quien guardaba, según me comentó la última vez que nos vimos, un traje largo, único, que lució en la cena de gala que los Reyes de España ofrecieron a los emperadores de Japón y que volvió a ponerse cuando cumplió los 50. Una fecha emblemática para cualquier mujer, para Carmen también.

Como emblemático y emotivo fue el homenaje que recibió el pasado martes por la noche en el Teatro Real de Madrid. Una institución por la que veló durante su época de ministra, implicándose en su rehabilitación, y posterior inauguración en el 2017, en la que apareció con un vestido largo, negro y una capa color fucsia y azul, además de su inseparable bastón, que utilizaba desde que le comunicaron que padecía cáncer. Una enfermedad que intentó sortear con ese espíritu positivo que le permitía derribar barreras que para otras personas resultaban infranqueables, pero que ella sorteaba sin que el resentimiento ni el odio anidaran en su corazón.

Al acto en el Real, presentado por la periodista Monserrat Domínguez, asistió su hermana Vicenta, Cipriá Ciscar -el hombre que la introdujo en la política-, el actual ministro de Cultura José Guirao, quien destacó la labor de Carmen al frente del Instituto Valenciano de Arte Moderno, así como su interés en alejar de las disputas políticas, del Museo del Prado.

Carmen Calvo, vicepresidenta del Gobierno de Pedro Sánchez, señaló el profundo sentido de la libertad que tenía Carmen y su compromiso con el feminismo, mientras que el ex presidente Felipe González, explicó lo mucho que le hubiera gustado decirle en vísperas del 8M que su feminismo era incluyente.

En la sala donde tuvo lugar el acto, se encontraban amigos entrañables de Alborch: el periodista Fernando Delgado, la actriz Magüi Mira, la vicepresidenta del Patronato del Prado Amparo Valcárcel (a esa hora todavía no se conocía el fallecimiento de José Pedro Pérez Llorca, presidente del Patronato), la ministra de Defensa Margarita Robles, el ministro del Interior Grande Marlaska, de Fomento José Luis Ábalos, Magdalena Valerio y el presidente de la Generalitat Ximo Puig.

Las palabras más emotivas las pronunció, como no podía ser de otra manera, su hermana Vicenta: "Te acompañé a mítines, a actos, presentaciones, siempre reivindicando los derechos de las mujeres, dispuesta a colaborar por las causas justas. A partir de ahora iré sin ti y se me hará muy duro".

Un adiós al que puso música su admirado Joan Manuel Serrat, con "Paraules d'amor", que interpretó la cantante Isabel Monar.

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