MADRID 13 Abr. (OTR/PRESS) -
A partir de la próxima semana, en cualquier momento, la Princesa de Asturias puede dar a luz a su segunda hija. No será un parto inducido, pero teniendo en cuenta que la Infanta Leonor llegó a este mundo con un mes de adelanto, no sería extraño que su hermana también quisiera ver la luz antes de tiempo, de ahí que en el Ruber Internacional todo está dispuesto para el nacimiento de la segunda hija de los Príncipes. De nuevo será el jefe del servicio de ginecología de ese centro, el doctor Luis Ignacio Recassen, el encargado de asistir a Doña Letizia, así como el pediatra Fernando Mar y las doctoras Noemí Arribas y Sira Fernández. En el quirófano -de nuevo tendrán que hacerle cesárea-, estará también el doctor Fernández Tapia, médico de la Zarzuela.
En esta ocasión, como en la anterior, a la Princesa le acompañarán su esposo y su madre Paloma Rocasolano, para quién este nacimiento -como para toda la familia- supondrá un soplo de aire fresco y de felicidad después de meses de tristeza, tras el fallecimiento de Erika. Una circunstancia que poco a poco van asumiendo.
Aunque nada se ha dicho oficialmente sobre el nombre que pondrán a la criatura, cabe suponer que ya lo tengan elegido, aunque puestos a hacer especulaciones no sería extraño que le pusieran Sofía, en honor a su abuela paterna, o Eugenia, como su bisabuela, pero también es cierto que pueden sorprendernos como ya hicieron cuando eligieron el de Leonor para su primogénita.
Según me dicen el estado de salud de Doña Letizia ha mejorado mucho en los últimos meses. Ya no tiene los vómitos que le mantuvieron inactiva durante los seis primeros meses y que le desencadenaron una gastritis irritativa muy desagradable y molesta. También poco a poco va asumiendo que no volverá a ver a su hermana querida, y que es ella la que tiene que animar a sus padres y a sus abuelos a aceptar ese duro golpe.
No es verdad que la Princesa haya pensado en adoptar a la hija de su hermana Erika, o que la Familia Real se lo haya impedido, tal y como se ha publicado en una revista noruega. Y no lo es porque la niña tiene un padre que la adora, unos abuelos que también tienen sus derechos, y una amplia familia que le está dando todo el calor que necesita, en unos momentos tan difíciles para todos ellos.
Sí es cierto, en cambio, que son muchas las tardes que su sobrina pasa en Zarzuela con la Princesa y con su hija Leonor, nada que no hiciera cualquier familia en sus mismas circunstancias, ya que, como es lógico, todos tratan de evitarle el dolor que para una criatura supone la ausencia definitiva de una madre. Pero no hay que olvidar que aunque Erika y Antonio vivían separados, a su hija nunca le faltó su compañía, su calor, y que es él a quién corresponde darle una buena educación, y cariño por partida doble.
Rosa Villacastín