Victoria Lafora.- Programa, programa, programa

Publicado 03/04/2014 12:00:11CET

MADRID, 3 Abr. (OTR/PRESS) -

En estos tiempos de liderazgos débiles, donde el carisma que se les presupone a los dirigentes políticos parece haberse evaporado, al votante europeo solo le queda la referencia de los programas electorales. Pero este último asidero de confianza también ha desaparecido. Hollande, tras los resultados de las municipales en Francia, está a punto de mandar a la trastienda de la historia las expectativas de la socialdemocracia francesa. Su "merito" ha sido el de quebrar, en tan corto espacio de tiempo, todas las esperanzas de que una voz de la izquierda obligara a suavizar las recetas ultra liberales que se están imponiendo en Europa para salir de la crisis.

Aquí, en España, el fiasco ante la falta de credibilidad de los programas electorales comenzó hace ya tiempo. Precisamente uno de los "traidores" fue el hombre que repetía como un mantra "programa, programa, programa", Julio Anguita, y que no dudó en hacer la pinza a los socialistas con Aznar.

Luego llegó Zapatero, cargado de buenas intenciones y proyectos solidarios que, como ley de Dependencia o casi todos los demás, han desaparecido, tragados por la crisis y su viraje a la ortodoxia liberal del último momento. Porque ese es, precisamente, el gran problema de la socialdemocracia europea: su falta de propuestas concretas, creíbles y solventes frente a la peor crisis económica desde la Segunda Guerra Mundial. La izquierda tiene que demostrar que posee recetas para que la salida de la crisis no suponga el drama de una desigualdad galopante, el empobrecimiento de la mitad de la población y el retroceso en décadas de los derechos sociales.

Las recetas de la derecha, sobre todo en España, ya las conocemos. Son las que está aplicando Rajoy sin complejos y que han llevado a alzar la voz a organizaciones como Caritas, a las que el desatado ministro Montoro se atreve a aleccionar. Hoy el Gobierno está ufano con las cifras del paro. Es verdad que se crea empleo pero en tan magras cifras y de tan mala calidad que difícilmente lo van a notar los parados.

El PP se presentó a las generales con una propuesta de centro y ha aplicado las más duras recetas del FMI al mercado laboral y los más sangrantes recortes a la Sanidad y la Educación Pública. Ahora, cuando un tercio de la población roza el umbral de la pobreza, vende la recuperación económica. ¿Había que pagar ese precio?

La respuesta la tiene la izquierda y en concreto el Partido Socialista, sobre el que pesa el baldón de ser incapaz de gestionar las convulsiones de una crisis. Si de verdad quieren volver al poder tendrán que ofrecer soluciones para salir de la crisis que no pasen por el sacrifico de los de siempre. Porque con la derogación de la reforma del aborto, si es que se aprueba en los términos reaccionarios en los que está redactada, o la modificación de la retrograda ley de Educación del ministro Wert ya se cuenta. Frente a la eficaz auto propaganda del PP, vendiendo como milagros los mínimos avances contra la recesión, al PSOE no se le conocen intenciones ni propuestas y así mal les va a ir. Como a Hollande.

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