MADRID 7 Mar (OTR/PRESS)
La decisión del Gobierno de no dejar utilizar las bases norteamericanas de Morón y Rota, para facilitar el ataque a Irán, no es una provocación. Más bien podría definirse como la negativa a colaborar en un ataque, sin respaldo de la legalidad internacional, e incluso, sin la preceptiva consulta previa a los órganos legislativos de EEUU.
Ningún miembro de la Unión Europea ha sido atacado y, cuando la base estadounidense de Chipre sufrió los misiles de Irán, el resto de miembros de la UE enviaron navíos de guerra como aviso al régimen de los ayatolás. Entre ellos, una fragata de la armada española.
Pese a las exigencias de Feijóo, que primero se opuso al supuesto pacifismo de Sánchez, y ahora exige autorización parlamentaria para el envío de la fragata, las encuestas indican que la ciudadanía no entendería mayor implicación en un conflicto declarado por la exclusiva decisión de un Trump que no es capaz de explicar qué busca con semejante agresión bélica.
Las imágenes del encuentro, en el despacho oval de la Casa Blanca, del presidente de EEUU rodeado de predicadores rezando mientras le acarician, intercaladas con el humo de los bombazos en las calles de Teherán, ponen en cuestión la estabilidad emocional de quien pretende elegir al sucesor de Jamenei.
Esta guerra, que mientras la caótica administración de Washington no diga lo contrario, no pretende liberar al pueblo iraní de la terrible dictadura fundamentalista islámica, no es un conflicto que incumba a Europa. Solo el servilismo o la adulación desmedida, ante el ego desmesurado de Trump, puede llevar a determinados dirigentes europeos a participar en un ataque militar que, al único que beneficia, es a Netanyahu.
No se trata del "no a la guerra" sino de la negativa a participar en un ataque unilateral y sin causa justificada. Que, en lugar de liberar a las mujeres iraníes, sólo está causando muertes.
Incluso la primera ministra italiana, Georgia Meloni, tan afín a Trump, ha dejado muy claro que Italia no está en guerra ni piensa participar en el conflicto. Tampoco se ha oído al primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, o al mandatario argentino Milei, ofrecer ayuda militar a Trump. Y eso que son sus más fieles admiradores...
De esta nueva aventura bélica de Trump vamos a salir todos perdiendo. Por lo tanto, ni tan mal, la decisión de Moncloa de mantenerse al margen.