MADRID 7 Mar. (OTR/PRESS) -
A mediados de junio de 2025, cuando aviones de Estados Unidos y de Israel bombardearon instalaciones industriales y militares de Irán justificando que dichos ataques tenían como objetivo cercenar la capacidad para fabricar armas nucleares, algunos de los aviones americanos que participaron en aquel raid habían contado con la asistencia logística de las bases de Rota y Morón. Bases de utilización conjunta.
Aquella operación bautizada por el Pentágono como "Martillo de medianoche" no generó objeción alguna por parte del Gobierno español en orden al apoyo obtenido en las bases españolas. ¿Qué ha cambiado para que ocho meses después un nuevo ataque de norteamericanos e israelíes contra Irán haya provocado la negativa del Ejecutivo español a permitir la utilización de las bases? Una decisión que enfureció al presidente Donald Trump hasta el punto de amenazar con un boicot comercial a España.
La respuesta hay que buscarla en la política. En el plano geoestratégico ha cambiado el objetivo de esta segunda oleada de ataques. Washington y Tel Aviv no ocultan que, esta vez, los ataques que han matado al ayatolá Ali Jamenei y a diversos miembros de la cúpula militar iraní persiguen acabar con el régimen teocrático enemigo declarado de Israel y represor sangriento de la disidencia interna. Ni en el mes de junio ni ahora los ataques a Irán contaban con el respaldo de las Naciones Unidas.
¿Por qué antes no y ahora si el Gobierno español ha hecho saber -y valer- las condiciones del Tratado que rige la utilización de las bases de Rota y Morón? Para responder habría que recordar las circunstancias en las que hace 23 años, en el contexto del apoyo del gobierno de José María Aznar a la invasión norteamericana del Irak de Sadam Hussein, nació el eslogan "no a la guerra". Un eslogan con el que miles de personas se echaron a las calles de todas las ciudades españolas rechazando dicha alianza.
Aquel escenario es el que ahora se busca reproducir. Esa es la razón por la que el pasado miércoles, sin pasar por el Congreso -y sin preguntas- Pedro Sánchez se dirigió a los españoles para resucitar aquel eslogan que, tras dar pie a protestas generalizadas, fue el prólogo de una victoria electoral del PSOE que no habían avizorado las encuestas. El "no a la guerra" como revulsivo de la desmovilización de los electores de izquierdas es la última bala de Pedro Sánchez.