MADRID 6 Mar. (OTR/PRESS) -
Los ataques a Irán y las implicaciones de todo tipo que este hecho lleva consigo hubieran merecido, por parte del presidente del Gobierno, solemnidad y transparencia.
Solemnidad por la gravedad de la situación y transparencia porque precisamente por esa gravedad, la decisión del Gobierno de oponerse a la estrategia de Trump, al tiempo que se condena, como no podía ser menos, el atroz régimen iraní bien merecía el consabido debate en el Congreso de Diputados. En esta cámara está representada la soberanía nacional y tanto los diputados como la ciudadanía están asistidos por el derecho a mostrar sus opiniones en una situación que, efectivamente, sabemos como ha empezado pero no ni cómo ni cuándo va a terminar.
La solemnidad que la situación requiere brillo por su ausencia en la comparencia -plasma al aire libre- de Pedro Sánchez en las escalinatas de la Moncloa. No hubo la solemnidad requerida porque, en realidad, el núcleo duro del discurso no fue otro que recuperar el famoso no a la guerra. Todo lo demás se sabía. El presidente no improviso su posición ya conocida y no creo que haya nadie que no pueda compartir la defensa del derecho internacional.
El presidente, a quien le asiste el derecho a posicionarse como quiera, quiso reafirmar su postura en contra de las políticas de Trump que, como todo el mundo sabe, es un personaje incomprensible, bravucón, soberbio que, creyéndose dueño del mundo, se siente con derecho a casi todo y esto no debe ser asumido por los demás sin abrir la boca.
Sentado este principio, al presidente le ha faltado finura para exponer su postura. La ha tomado sin hablar con sus colegas europeos y, por supuesto, sin decir una palabra al líder de la oposición en un asunto que gestiona el Gobierno pero que afecta a España en su presente y quizás en su futuro. Hay dilemas en la vida de un país que es muy irresponsable tomarlas en solitario. En este caso, Pedro Sánchez no se siente solo, no ya porque algunos dignatarios europeos se hayan solidarizado ante la reacción primera de Trump en contra de España, sino y sobre todo, porque sabe que su postura aglutina a la izquierda, esa izquierda que tanto necesita si quiere seguir en La Moncloa y que nada dirá sobre el envío de una fragata a Chipre... ¿En qué quedamos?
El futuro es realmente incierto, muy incierto. Veremos en poco tiempo por dónde y cómo se decantan los acontecimientos. De momento es una broma que el presidente iraní felicite a nuestro presidente por su defensa de los derechos humanos. Él hablando de derechos humanos cuando en su país llevan ignorados y machacados con crueldad insoportable desde hace más de cuarenta años. Suena a broma pero es dramático.