MADRID, 30 Sep. (OTR/PRESS) - Por José Manuel Gómez Gutiérrez
A principios de la década de los ochenta del pasado siglo, manifesté públicamente, en un congreso en Sevilla, que los incendios forestales eran provocados intencionadamente, en un 95%. Eran datos obtenidos en un trabajo personal que costó muchos kilómetros de coche y muchísimas entrevistas con gente del campo. Fui seriamente denostado. Comenzó a reconocerse mi observación casi quince años después. Ahora, ante la evidencia, es una realidad oficial.
¿Por qué la abolición de la Dictadura y el advenimiento de esta presunta Democracia desataron tan desmesurada piromanía nacional?. Ha ardido medio país en circunstancias similares a las del vecino Portugal, asimismo liberado de otra Dictadura.
La piromanía nacional se ha disparado, y bien merece un tiempo de reflexión, sobre todo ante el espectacular hecho de que se ha desatado con el advenimiento de esta Democracia. Nadie hace referencia a ello, pues se supone no es posible que la situación fuera mucho mejor en la época de la deleznable Dictadura; pero la realidad es tozuda, y está ahí aunque tratemos de ignorarla.
En el ámbito mediterráneo el fuego, los incendios, son un fenómeno natural que se producirá, de una forma u otra, con frecuencia variable, siempre que coincidan las condiciones que lo provocan y propician. En las últimas décadas las causas propiciatorias de incendios se aproximan bastante a la situación óptima para su inicio y propagación:
A).- Abundancia de masas forestales densísimas, cargadas de resinas, aceites esenciales, en suma, sustancias altamente combustibles,
B).- Abandono masivo del campo, con todas sus consecuencias.
C).- Insolidaridad del personal.
D).- Apatía e irresponsabilidad del campesino.
E).- Evidente evolución climática hacia la aridez.
F).- Actitud inaceptable de irresponsables, revanchistas, oportunistas y toda clase de indeseables.
Sería conveniente:
A).- Fomentar las campañas de educación ambiental.
B).- Renunciar a la obsesión de controlarlo todo; hacer al campesino, a la población, partícipes y responsables de la riqueza forestal
C).- Renunciar a la repoblación forestal de coníferas con densidad excesiva.
D).- Mantener el bosque limpio.
E).- Procurar un porcentaje de población rural más elevado.
F).- Reconocer a la ganadería extensiva y a las especies cinegéticas adecuadas un valor ecológico adicional.
Etc.
Se citan como posibles unos hechos que realmente tienen mínimas probabilidades de realizarse: gotas de rocío y cristales actuando como lupas, chispas por fricción de rocas desprendidas, etc.; otras como los rayos, son de eficiencia probada, pero de frecuencia relativamente escasa, dadas las circunstancias que deben acompañar al inicio de la ignición: pasto seco, yesca en el árbol, proximidad del matorral o herbáceas secas, etc.
En épocas pretéritas, en el campo siempre había testigos, gente dispuesta a denunciar o intervenir con presteza en defensa de sus recursos.
En las zonas serranas es frecuente el caso de familias que se sintieron perjudicadas por las medidas restrictivas a que fue sometida su actividad ganadera.
La marginación social y económica de las gentes del campo, la de ciertos sectores de la juventud, y el carácter lúdico que el cine y la televisión han dado a determinadas formas de delincuencia, incitan a la población marginal, y a personas ávidas de sensaciones diferentes, a incendiar indiscriminadamente.
Se especulaba, además, con la posibilidad de que las empresas relacionadas con la industria de la madera y la construcción pudieran obtener de los incendios beneficios económicos adicionales.
Más motivos para incendiar tendrían quienes, estando en paro, suscitarían de esa manera la creación de puestos de trabajo en tareas de extinción, desmonte, transporte o reforestación; o los ganaderos y pastores cuyos animales se beneficiaran con el consumo de rebrotes de las especies leñosas o de las herbáceas componentes de las primeras fases de la recuperación post-fuego (sucesión secundaria).
Un gran impacto de los incendios es la liberación de CO2, gas cuyo exceso en la atmósfera es una de las causas del tan traído y llevado cambio climático. El bosque, además, frena la erosión y sus nefastas consecuencias; retiene la humedad que alimenta manantiales y acuíferos; incrementa la riqueza paisajística, modera los excesos climáticos, etc, etc.
Los efectos de los incendios, hecho simple en su ejecución pero complejo en su génesis por la inmensa cantidad de factores que suele involucrar, pueden ser abordados desde ángulos muy diversos, desde el flujo de energía o la biodiversidad hasta el del comportamiento humano, con el derroche de energía fijada por los vegetales que controlan los ecosistemas. Pero algo es indiscutible por evidente: Los efectos catastróficos sobre el medio natural , incluido el cambio climático, y sobre la economía humana.
José Manuel Gómez Gutiérrez es Doctor en ciencias Químicas, Premio Nacional de Doctorado. Ayudante, Colaborador e Investigador Científico del C.S.I.C. Primer Catedrático de Ecología de la Universidad de Salamanca.