Cerca de 11.000 cotos participan en programas de conservación de especies como lince, oso, urogallo o águilas en España

Hembra de Urogallo cantábrico
FUNDACIÓN BIODIVERSIDAD - Archivo
Publicado 16/10/2018 17:07:15CET

   MADRID, 16 Oct. (EUROPA PRESS) -

   Cerca de 11.000 cotos en toda España participan en programas de conservación de especies protegidas como lince, oso, urogallo o águila imperial, lo que supone que uno de cada tres cotos trabaja en la recuperación de estas especies, según el 'Informe de impacto socioeconómico de la caza en España', elaborado por Deloitte para la Fundación Artemisán.

   El trabajo de la consultora señala que los terrenos cinegéticos "son ideales para la recuperación de especies" por su gestión, ya que suelen ser los espacios seleccionados para trabajar con las especies más delicadas, como el lince.

   Para el presidente de la Fundación Artemisan, José Luis López-Schümmer, la caza es una actividad "legal, legítima y, sobre todo, necesaria", sin la que se perdería el equilibrio de los ecosistemas.

   Así, la organización ve "imprescindible" el control de poblaciones de especies -como el caso del jabalí-, así como la gestión que lleva a cabo el sector cinegético para mejorar el entorno.

   López-Schümmer recuerda también que la caza es el principal inversor privado en todo lo relacionado con la conservación del medio ambiente, con más de 230 millones de euros anuales y recuerda que muchos Parques Nacionales y la mayoría de espacios protegidos en la actualidad fueron en sus orígenes cotos de caza y destaca que precisamente el aprovechamiento sostenible de especies cinegéticas y su cuidado han contribuido a que lugares de un alto valor ecológico hayan llegado hast la actualidad.

   En ese grupo incluye al Parque Nacional de Picos de Europa (Asturias, Castilla y León y Cantabria), Parque Regional de la Sierra de Gredos (Ávila), Parque Nacional de Doñana (Andalucía), Monfragüe (Cáceres), Cabañeros (Ciudad Real) y la Reserva Natural de las Lagunas de Villafáfila (Zamora), entre otros.

   El informe de Deloitte añade también que la caza mayor es "una herramienta más dentro de la gestión ambiental", ya que ciertas especies de ungulados como los ciervos y arruís, ayudan a paliar los efectos negativos de la desaparición de la ganadería tradicional en extensivo, mediante la ingesta de hierbas y alimentos que solían ser alimento para vacas, ovejas y cabras, lo que contribuye a mantener hábitats como la dehesa y otros en media y alta montaña, además de contribuir a prevenir incendios.

   En ese sentido, añade que también las piezas de caza mayor proporcionan alimento a aves carroñeras como los buitres y en el caso de la caza menor, ve que su gestión y conservación es "imprescindible" para que especies protegidas como águilas y linces puedan encontrar la alimentación que necesitan para su supervivencia.