Arquitectos señalan que la zona óptima de rendimiento en el aula está entre 20 y 22ºC y a los 27 aparece el letargo

Consejo de la Arquitectura Técnica avisa de que el calor impacta también en los profesores: Aumenta la fatiga y disminuye su paciencia

Archivo - Pasillo en el interior de un colegio
Archivo - Pasillo en el interior de un colegio - Óscar J.Barroso - Europa Press - Archivo
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Publicado: miércoles, 1 julio 2026 13:54

MADRID, 1 Jul. (EUROPA PRESS) -

La zona óptima de rendimiento en el aula está entre los 20 y los 22 grados y, a partir de los 23 grados, comienzan las microdistracciones y la pérdida de atención.

Entre los 27 y los 30 grados aparecen síntomas de letargia o irritabilidad, caída de la memoria de trabajo y una disminución estimada del 10% al 15% en la retención de nuevos conceptos. Por encima de los 31 grados, el foco pasa de "aprender" a "soportar", con pérdidas de rendimiento que pueden alcanzar el 20% o más en exámenes y tareas de procesamiento crítico.

Así lo advierte el Consejo General de la Arquitectura Técnica de España (CGATE), que reclama aprovechar los meses de verano para rehabilitar los colegios y adaptar los edificios escolares a un escenario climático marcado por temperaturas cada vez más extremas.

Los arquitectos avisan de que el calor en las aulas no afecta a todos por igual, ya que en los centros educativos peor acondicionados, especialmente aquellos situados en entornos con menor capacidad económica, "las olas de calor pueden convertirse en un nuevo factor de desigualdad educativa" y "castigar más" a los alumnos vulnerables.

Según un informe técnico elaborado por el CGATE, el impacto del calor "no es democrático". Los centros ubicados en barrios de menor nivel adquisitivo suelen sufrir un efecto multiplicador por la falta de aislamiento térmico, protección solar, ventilación adecuada o sistemas de acondicionamiento.

Esta situación puede penalizar especialmente al alumnado vulnerable en periodos de exámenes, pruebas de acceso o momentos de alta exigencia académica.

"Cuando un aula está sobrecalentada, no estamos solo ante un problema de confort. Estamos ante un factor que puede condicionar el aprendizaje, la convivencia y la igualdad de oportunidades. El calor castiga más a quienes estudian en edificios peor preparados. Por eso, rehabilitar los centros educativos también es una forma de combatir la brecha educativa", señala el presidente del CGATE, Alfredo Sanz.

EL FOCO DEL ALUMNO PASA A ESTAR EN SOPORTAR EL CALOR

El informe recuerda que, bajo condiciones de estrés térmico, el organismo prioriza la regulación de la temperatura corporal frente a funciones cognitivas superiores como la atención, la memoria de trabajo o el control de impulsos: "Cuando la temperatura del aula se dispara, el foco del alumno deja de estar plenamente en aprender y pasa a estar en soportar el calor".

"No hay pedagogía capaz de competir contra la necesidad del cerebro de enfriarse. Cuando hablamos de calidad educativa, también tenemos que hablar de edificios. La arquitectura, la rehabilitación y el acondicionamiento de los espacios forman parte de las condiciones que hacen posible enseñar y aprender", afirma Sanz.

El calor también impacta en el profesorado. Según el informe, las altas temperaturas reducen la movilidad del docente en el aula, acortan las respuestas, aumentan la fatiga vocal, disminuyen la paciencia y limitan la capacidad de improvisar o adaptar la explicación sobre la marcha. Así, una clase percibida como "apática" o un docente evaluado como "poco motivador" pueden estar reflejando, en realidad, las consecuencias de un espacio sobrecalentado.

Además, el estrés térmico altera la convivencia escolar. El aumento de la irritabilidad, la fatiga y la dificultad para mantener la atención puede convertir situaciones que en condiciones normales se resolverían con una advertencia verbal en conflictos más graves. Para el CGATE, esta dimensión debe tenerse en cuenta en la gestión de los centros, especialmente durante los meses de más calor y en periodos de evaluación.

Con las aulas ya vacías y el curso escolar finalizado, el CGATE considera que el verano debe convertirse en una ventana de oportunidad para planificar actuaciones de rehabilitación y mejora del parque educativo. Estas intervenciones deben ir más allá de soluciones puntuales y abordar el comportamiento global del edificio: aislamiento térmico de fachadas y cubiertas, protección solar, mejora de carpinterías, ventilación adecuada, control de humedad, sombreamiento de patios y aulas, sistemas pasivos de refrigeración y, cuando sea necesario, climatización eficiente.

"No se trata de llenar los centros de equipos de aire acondicionado sin más. Se trata de intervenir con criterio técnico sobre los edificios para reducir la demanda energética, mejorar el confort interior y garantizar espacios saludables durante todo el curso. La rehabilitación de los colegios debe formar parte de cualquier estrategia seria de adaptación al cambio climático", explica Sanz.

El CGATE recuerda que muchos centros educativos españoles fueron construidos en contextos climáticos y normativos muy distintos a los actuales. Las olas de calor más intensas y frecuentes obligan a revisar estos edificios desde una perspectiva de salud pública, eficiencia energética y equidad educativa.

"Tenemos que dejar de ver la rehabilitación de los colegios como una actuación secundaria o estética. Hablamos de adaptar espacios esenciales para la infancia, la adolescencia y el trabajo de miles de docentes. Ahora que las clases han terminado, es el momento de que empiecen las obras que permitan que el próximo curso se desarrolle en aulas más seguras, habitables y preparadas para el calor", concluye el presidente del CGATE.

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